El curso de la Universidad Menéndez Pelayo estrena Vilagarcía como sede y recupera para la ciudad un cierto aire de estudiantil
16 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Estudiantes Vilagarcía ha recuperado el aire de los estudiantes. No se trata de la marabunta de jóvenes dispuestos a dejar a los catedráticos con la palabra en boca a cambio de un bocadillo de tortilla o de un pitillo y una discusión sobre la eutanasia. Los estudiantes que nos han tocado son serios y están seguros de lo que han venido a hacer a Vilagarcía. Es la Menéndez Pelayo, una universidad grandísima y veraniega que quiere dar cobertura a ese tipo de enseñanza deriva de la actualidad más inmediata y que, desafortunadamente, tiene problemas para llegar a las aulas de todos los días. El miedo escénico Los profesores del curso, entre los que se encuentran nombres como Ludolfo Paramio, tienen que enfrentarse a un auditorio tan grande como el de la casa de cultura, con demasiadas butacas para el número de alumnos que se han matriculado. Con todo, los ponentes están experimentados en arte de convencer auditorios juveniles, así que el reto de Vilagarcía se antoja pequeño, sobre todo porque los estudiantes viene a estudiar. El futuro del automóvil Leí recientemente que los grandes fabricantes de coches han descartado seguir con los coches eléctricos. Parece que nadie los quiere. En O Grove han descubierto una solución, aunque sea temporal. El asunto es que, para las cuestas abajo, los de la península saben como fábricar vehículos con encanto, divertidos y sin contaminación. Para las cuestas arriba parecen ser más partidarios del músculo. Forofos El asunto de las carrilana tiene afición tanta, que hay pilotos que se preparan de un año para otro. Alguno con meticulosidad preparó su máquina, le puso su dirección y sus frenos. El problema fue que cuando se dispuso a lanzarse por la primera cuesta, tocó un poco el freno, cosa que debería estar prohibida si aspiras a ganar. El problema no acabó ahí. Al tocar el freno, el delicado mecanismo ingeniado para reducir la velocidad decidió trabarse. La máquina se quedó en la cuesta y el piloto escucho una bronca por tocar el freno.