Luis García Larrea, neurofisiólogo de la Universidad de Lyon El título del congreso en el que ayer impartió su conferencia, «Neurociencias y Salud Mental», suena demasiado complejo. Más cercano está el tema que Luis García Larrea, neurofisiólogo del Hospital Neurológico-Cermep de Lyon, abordó ante los investigadores y clínicos reunidos desde ayer en el Paraninfo de A Maestranza, el dolor.
07 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Luis García Larrea es uno de los expertos invitados al congreso organizado por la Asociación Galega de Saúde Mental y que, desde ayer y hasta el sábado, trata de tender puentes entre investigadores y clínicos para hacer frente a los problemas que plantea el tándem cerebro-mente. Su especialidad es el dolor, experiencia subjetiva con raíces, casi siempre, objetivas. ¿Mal asunto el del dolor. ¿Hay dos tipos de dolor. Existe el dolor bueno, el que nos avisa de que el organismo está sufriendo, porque nos estamos quemando o nos está cayendo la tapa del piano encima. Es positivo porque nos ayuda a quitar la mano, a reaccionar. ¿¿Y el malo? ¿Cuando se tienen lesiones del sistema nervioso, el dolor normal puede ser reemplazado por el que llamamos neuropático. No sirve para nada, es un síntoma de enfermedad y es extremadamente molesto. No sientes ni los pinchazos, ni las quemaduras, y sin embargo sientes unas descargas dolorosas fuertes sin ningún tipo de razón, ni motivo externo, e incluso te hacen sufrir enormemente estímulos que no deberían ser dolorosos, como el roce de una sábana. ¿¿Es común? ¿Más de lo que se cree. Afecta a porcentajes significativos de personas que han sufrido accidentes cerebrovasculares que a lo mejor ni siquiera le han dejado secuelas o a gente con lesiones de nervios periféricos producto de enfermedades muy comunes, como la diabetes. Lo que no sabemos es porqué le sucede a unos pacientes y a otros no, y tampoco podemos predecirlo. ¿ ¿Y la investigación? ¿Estamos empezando a descubrir, analizando la respuesta del cerebro a determinados estímulos, que hay una matriz de estructuras cerebrales implicadas en la sensación dolorosa. Estamos confirmando que el dolor tiene tres componentes esenciales relacionados con zonas determinadas. Es decir, que una lesión puede afectar por ejemplo al componente sensorial, el que nos ayuda a localizar dónde y qué nos provoca ese sufrimiento. El problema es saber cómo se reorganiza esa matriz, porque cuando se rompe el equilibrio, sea cual sea la zona afectada, aumenta la probabilidad de que aparezca ese dolor aparentemente sin razón o neuropático. ¿¿Existe tratamiento? ¿Sí. Básicamente farmacológico, aunque no hay dosis ni combinaciones fijas. Y también está empezando a usarse, para casos resistentes, la neurocirugía. ¿¿Es fácil identificar este trastorno o puede confundirse con un problema mental? ¿Puede. Porque la lesión a veces no es evidente al no dejar ninguna otra secuela, porque el paciente puede no ser sincero y porque de hecho hay trastornos psiquiátricos, como la histeria de conversión, en los que el enfermo somatiza el problema.