Un estudio revela que utilizan «ir de tiendas» como mecanismo para enfrentarse a los estados de la ansiedad Sentirse bien, afrontar el malestar emocional, aumentar la autoestima o superar el aburrimiento son algunas de las claves que definen el perfil del adicto a las compras. Así lo refleja el estudio «Adicción a la compra», realizado por un equipo de psicólogos de la Universidade de Santiago. Pero a la hora de despilfarrar no todo es un camino de rosas. Después de darle aire a la tarjeta de crédito aparecen las emociones negativas, los sentimientos de culpa por el gasto y la inutilidad de los productos adquiridos.
21 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Que nadie se llame a engaño. La adicción a la compra ni es un fenómeno contemporáneo -cuenta la leyenda que en la época del Imperio Romano las mujeres más pudientes pagaron grandes cantidades para adquirir las ropas vendidas en subastas tras la muerte de Cleopatra-, ni una manifestación ligada a indicadores como clase social o nivel educativo -Jackie Kennedy llegó a gastar la desorbitada cifra de 3.000 dólares por minuto a medida que su relación con Onassis se deterioraba-. La figura del comprador compulsivo se corresponde, generalmente, con el perfil de una mujer joven, de clase social media-baja, con problemas de ansiedad y depresión, heredera, en muchos casos, de unos síntomas disfuncionales que ya padecieron sus progenitores. En ocasiones, el comprador desmesurado comparte esta adicción con el alcohol, las drogas, la bulimia u otros impulsos como la cleptomanía. Así lo refleja el estudio Adicción a la compra dirigido por José Manuel Otero, profesor del departamento de psicología clínica de la USC. Los adictos a la compra saben muy bien aquello de «luego viene el tío Paco con las rebajas». Y es que después del despilfarro vienen las lamentaciones y el sentimiento de culpa. La diversidad de artículos, la similitud de las ofertas, la publicidad, el diseño de áreas comerciales o el escaparatismo desempeñan un papel esencial en las decisiones de compra. Restaurar el estado de ánimo son algunas de las muchas estrategias de venta utilizadas para capturar a unas víctimas que después pagan caro las consecuencias.