Aunque tiene los días contados, la selectividad desató ayer los nervios de 2.300 estudiantes en Vigo Son los últimos héroes o las últimas víctimas. Más de 2.300 estudiantes de Vigo y de las comarcas del sur de Pontevedra acudieron ayer al campus de Lagoas-Marcosende para enfrentarse a la selectividad, un examen que parece tener los días contados pero que a ellos les quitará el sueño, como mínimo, hasta mañana. Con bastante resignación, los estudiantes se sometieron dócilmente a este pequeño calvario de nervios, angustias y temores porque es condición «sine qua non» para acceder a la carrera elegida. Aunque la mayoría ya tienen claro lo que quieren estudiar, no son pocos los que ven este examen como «una lotería».
12 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Maruxa Irisarri, estudiante del colegio Las Acacias, repasaba los apuntes de Gallego en la cafetería de la Facultad de Económicas y Empresariales con algunas de sus compañeras. «Este año hay mucha vigilancia en los exámenes y, además, a nosotras nos tocó en la primera fila», explicaban. Algunas se tomaron una tila por la mañana para evitar los nervios, pero su profesora de Gallego, Ana Rodríguez, que andaba por allí para «dar ánimos», afirmaba que tenían que «estar seguras porque vienen bien preparadas». En la cafetería de Económicas y Empresariales, Eduardo Domínguez y Oliver Amoedo aseguraban que a los estudiantes que se quedaron a comer se les dio «un menú rico, rico, que aporta todo lo necesario para arrasar en los exámenes». También sirvieron algunas tilas, «pero lo normal». Madres de apoyo Además de profesores de apoyo, por el campus había también madres como Marita Costas González y María Dolores Vila, que acudieron a dar ánimos a sus hijas. «Nosotras lo pasamos tan mal como ellas», manifestaban. Ambas aseguraron que no les gustaría que sus hijas copiaran en el examen. «Les hemos inculcado otros principios, pero no sé si serán un rémora para ellas el día de mañana», decía, no sin humor, Marita Costas.