José Luis Nogueira, propietario de Industrias San José José Luis Nogueira nació en Santiago y estudió Químicas. Pero cuando se preparaba para convertirse en catedrático, en su camino se cruzó Carmen Rapariz. Se casaron y el destino de Nogueira dio un giro completo. Abandonó Compostela y se asentó en Vilagarcía. Abandonó la Universidad y se convirtió en gerente de la joyería heredada de su suegro: una firma de gran prestigio en España que se había especializado en la elaboración de medallas religiosas. Con Nogueira, la empresa fue evolucionando y adaptándose a los tiempos. Ahora, sus hijos siguen con el proceso. «A ver si llegamos a la cuarta generación», exclama el presidente de FECA. Y recuerda que el 80% de los negocios «de familia» desaparecen con el tercer relevo generacional.
09 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.ROSA ESTÉVEZ VILAGARCÍA Carmen Rapariz asegura que a su marido le encanta hablar. «Si lo dejan...», advierte. «Es cierto», reconoce su marido. «Me encanta hablar de los temas que me gustan y de los que se». Y de cómo se regenta una joyería ha aprendido mucho en los últimos cincuenta años. Durante todo ese tiempo ha llevado las riendas de Industrias San José. Una firma que logró el gran prestigio del que hoy goza gracias a las medallas religiosas. -El mercado ha cambiado mucho. ¿Cómo se ha traducido esto en su cartera de productos? -Cuando yo me hice cargo de la empresa, a mediados de los cincuenta, no podíamos hacer más que medallas porque nuestra fabricación estaba saturada. Pero el consumo empezó a bajar. Ahora, puede significar un diez por ciento de nuestra facturación. Tuvimos que empezar a hacer todo tipo de acuñaciones y abrimos nuevas líneas. Por ejemplo, artesanía gallega, regalo corporativo y esmaltes. Ahora tenemos miles de productos en cartera. -La tradición es una palabra que identifica a Rapariz. ¿Cómo han conjugado ese principio con la tecnología? -Nosotros tenemos nuevos productos que se hacen con la tecnología que existe. Y gracias a la venta de esos productos podemos permitirnos el lujo de hacer artesanía, piezas se tienen que hacer a mano. De la artesanía presumes, te da un nombre y una imagen. Pero la artesanía es cara, porque exige del trabajo humano. -¿Y de dónde salen los artesanos de su taller? -Podemos afirmar que los trabajadores que hay en casa son hechos en casa. Son gente muy especializada y dedicados, concretamente, a una parte del proceso de elaboración de una pieza. Actualmente son alrededor de una veintena. -¿La joyería genera muchos costes de producción? -Nosotros hemos conseguido independizarnos de una serie de servicios auxiliares, como los análisis de metales, los baños, y otros asuntos. Nuestro principal gasto es en materia prima. Productos como el oro o la plata tienen un valor intrínsico muy elevado. También trabajamos con otros metales no nobles. -La facturación debe ser también elevada... -La facturación es, sobre todo, voluble. Depende de si la materia prima la ponemos nosotros o de si la pone el propio cliente. Sería muy osado dar una cifra de lo que se puede facturar en un año. -¿Sigue siendo fácil encontrar productos que lleven la firma Rapariz en todas las joyerías de España? -Seguimos teniendo presencia, sobre todo por los productos de artesanía. Además, contamos con la ventaja de que estamos incluídos en los catálogos especializados, y con unos comerciales excelentes.