La Reserva Federal mantiene intactos los tipos de interés y aleja las perspectivas de una rebaja

Clara Alba MADRID / COLPISA

ECONOMÍA

SHAWN THEW | EFE

Las bolsas intentan lidiar con un petróleo y gas disparados tras el nuevo ataque de EE.UU. a instalaciones energéticas de Irán

18 mar 2026 . Actualizado a las 20:03 h.

Cautela de la Reserva Federal (Fed) en plena amenaza inflacionista por la escalada de los precios energéticos que está llevando a los mercados a fuertes fluctuaciones. Su presidente, Jerome Powell, ha seguido el guion previsto por los analistas y ha decidido este miércoles dejar sin cambios los tipos de interés en el rango objetivo del 3,5 % al 3,75 %, en mínimos de finales del 2022, en la que ha sido su primera decisión tras el inicio del conflicto en Irán y en medio de una gran incertidumbre por las fluctuaciones de precios en los mercados energéticos.

El organismo mantiene el optimismo en torno a la solidez de la economia, pero en su comunicado reconoce que «las implicaciones de los acontecimientos en Oriente Medio son inciertas». «¿Cuando será 'demasiado tarde' para que Powell baje LOS TIPOS DE INTERÉS?», se preguntaba en su red social el presidente estadounidense a pocas horas del encuentro.

La decisión de pausar los tipos sigue a la ya anunciada en enero tras una racha de tres bajadas consecutivas de 25 puntos básicos iniciadas en septiembre a las que precedieron unos tipos de interés intactos desde enero del 2025. «Los indicadores disponibles sugieren que la actividad económica se ha expandido a un ritmo sólido. La creación de empleo ha sido reducida y la tasa de desempleo apenas ha variado en los últimos meses. La inflación se mantiene algo elevada», explica el comunicado del instituto emisor.

La situación es de enorme incertidumbre y volatilidad. Y Trump no quiere dejar nada al azar con el foco puesto en las elecciones de mitad de mandato, donde la foto finish de la economía debe serle favorable. Este mismo miércoles, el barril de petróleo parecía dar un respiro en el entorno de los 100 dólares. Pero todo se ha dado la vuelta con el ataque de EE.UU. a una instalación energética iraní. El precio del oro negro se ha disparado un 5 % hasta rondar de nuevo los 110 dólares. Y el del gas un 6 % hasta los 55 euros.

Con el clima de tensión de nuevo al alza, los números rojos volvían a las bolsas que, no obstante, parecen acostumbradas a los vaivenes de los mercados energéticos y aguantan de forma más que heroica la presión. El Ibex 35, de hecho, se mantiene con subidas del 0,2 % cerca de los 17.300 puntos.

Falta de visibilidad

«La falta de visibilidad en cuanto a la duración del conflicto y sus imprevisibles consecuencias hace difícil tener visibilidad en cuanto a lo que podemos esperar de la Fed, más aún teniendo en cuenta la proximidad de cambio de presidente y la diversidad de posturas existente en el FOMC», explica Cristina Gavín Moreno, jefa de Renta Fija en Ibercaja Gestión.

En todo caso, resulta evidente que la reciente escalada bélica ha provocado un repunte en los precios del gas y el crudo que eleva las expectativas de inflación para los próximos meses. «Este tensionamiento de precios energéticos ha enfriado las expectativas de recortes de tipos para el 2026», explica Luis Merino, responsable de renta fija de Santalucía AM.

De hecho, el experto indica que el mercado ya no descuenta bajadas para este año y retrasa el primer recorte hasta junio del 2027. «Como consecuencia, la curva de tipos del Tesoro americano ha experimentado en las últimas semanas un desplazamiento al alza con un marcado aplanamiento por mayor tensión en los tramos cortos», reitera.

Tensiones inflacionistas

Las tensiones inflacionistas empiezan a ser palpables en EE.UU., aunque «aún es demasiado pronto para hacer una evaluación sólida de los posibles efectos de segunda ronda que podrían afectar a las tendencias salariales», explican los expertos de Natixis.

Por otro lado, el PCE subyacente, la medida de inflación preferida de la Fed, sigue en niveles elevados, amenazando con efectos de segunda ronda si la crisis energética resulta persistente. «Tras el covid, la sensibilidad a las crisis de oferta ha cambiado. Las empresas son más rápidas a la hora de repercutir el aumento de los costes de los insumos y los trabajadores están más dispuestos a renegociar los salarios cuando suben los precios. Esto podría hacer que la inflación sea más persistente», advierten los expertos.

En un momento de dudas sobre la evolución del mercado laboral —tras el batacazo de febrero, con la destrucción de 92.000 puestos de trabajo y el paro subiendo al 4,4 %—, algunas voces apuntan a que los hogares con ingresos más bajos son los más expuestos tanto a los aranceles como al aumento de los precios del crudo y el gas, lo que a su vez puede acabar lastrando al consumo.

Por ahora, sin embargo, las implicaciones para la política monetaria son claras. «Es probable que el FOMC espere y evalúe si el aumento de los precios de las materias primas se traduce en presiones inflacionistas más generalizadas. Y mientras los activos de riesgo se mantengan resistentes, la Fed tiene aún menos incentivos para actuar rápidamente sobre los tipos. El listón para una mayor flexibilización sigue siendo alto», explican los analistas de Natixis.