La prima de riesgo vuelve a llamar a las puertas del euro diez años después

Wall Street se desploma más de un 9,6 % y suspende su cotización por cuarta vez en dos semanas


redacción / la voz

El ánimo no remonta en las bolsas. Ni las masivas inyecciones de fondos del BCE ni el despliegue de enormes diques de contención nacionales en forma de préstamos y dinero fresco han servido para calmar las aguas revueltas en los parqués internacionales, que hoy se volvieron a teñir de rojo. Tras una semana de pérdidas masivas y una ligera tregua el pasado martes, el Ibex 35 volvió a caer un 3,44 % arrastrado por valores como Meliá Hoteles (-14,68 % ), ACS (-14,68 %), CIE Automotive (-12,86 %), Ferrovial (--11,13 %) o Acelormittal (-10,24 %). También lo hicieron otros selectivos como el parisino (-5,94 %), el londinense (-3,74 %) o el DAX alemán (-5,94 %). Aunque la más sonora fue la caída de Wall Street, que ahora mismo cede un 9,66 %. El selectivo tuvo que suspender de forma temporal su cotización por cuarta vez en dos semanas. 

Las bolsas no dan tregua y las señales que emiten otros mercados como el deuda tampoco invitan al optimismo. El estrés y el pánico ante un escenario de recesión profunda en las principales economías europeas dispararon ayer los costes de financiación de España e Italia. Una década después de irrumpir de forma estelar, la prima de riesgo volvió a llamar a las puertas del euro. El diferencial entre el bono alemán y el español se disparó hasta los 160 puntos básicos antes de bajar a los 156, cuando hace un mes estaba en apenas los 66. La desconfianza en el devenir de la crisis en España ha impulsado la rentabilidad del bono a diez años al 1,22 % en contraste con el -0,24 % alemán. Pero sin duda la peor parada es la prima de riesgo italiana que ayer alcanzó un pico de 281 puntos básicos. La rentabilidad de su bono ya está en el 2,29%.

Esta tendencia alcista, que arrancó a finales del mes de febrero se ha intensificado en los últimos días tras la respuesta de los bancos centrales y los Gobiernos a la crisis del coronavirus. La comparencencia de la presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, no solo no tranquilizó a los mercados sino que infundó dudas sobre su capacidad para afrontar los problemas de liquidez que se avecinan al asegurar que no era la labor del organismo cerrar las brechas en los tipos de interés de la deuda de cada país. A pesar de los manguerazos de dinero, la histeria colectiva persiste. La división entre los países del euro a la hora de decidir cuándo y cómo utilizar la capacidad de préstamo del MEDE (500.000 millones de euros) hace presagiar nuevos episodios de estrés para las deudas soberanas mientras consultoras como Goldman Sachs ya auguran una recesión del 1,3 % del PIB para la economía española.

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