Del esférico al técnico, pasando por el alborotado. En materia de incompetentes, también hay categorías
27 ene 2019 . Actualizado a las 05:00 h.¿Tiene cerca de usted a un incompetente? Es probable, porque los hay, y en todos los puestos, según explica el presidente de Otto Walter Internacional. Cualquiera será calificado de incompetente si está en un trabajo que no encaja con sus habilidades, valores y capacidades. «Un trabajador puede ser válido en un puesto o actividad y ser un inútil en otra. Es más, un empleado puede desarrollar de manera excelente su trabajo en una empresa y no en otra donde los valores, las exigencias y las maneras de hacer sean diferentes, y eso lo vemos a diario», afirma Paco Muro.
El experto deja claro que «cuando a uno le toca un inepto en la organización distorsiona el trabajo de los demás, y si se trata de un jefe provoca una auténtica escabechina». Hay varios tipos de incompetentes:
1.- El esférico. Aquel que, se mire por donde se mire, es incompetente.
2.- El técnico. No es capaz de hacer lo que tiene entre manos, o se empeña en ejecutar algo en lo que no es avezado.
3.- El incompetente por actitud. Resulta el más desesperante. No quiere realizar su trabajo, no pone ganas. Para él todo es un problema, aunque, al final, después de mucho protestar, ejecute de manera óptima su tarea. «A los trabajadores que no saben se les enseña, se les ayuda o se les busca otro puesto, pero cuando el problema es una actitud, la solución se complica».
4.- El incompetente por mal de altura. El que por su éxito se endiosó y es capaz de hacer fracasar todo el trabajo realizado hasta el momento. «Cuando alguien alcanza lo alto de una escalera tiene que saber que, para seguir subiendo, debe de cambiar de escalera, porque la primera solo baja», subraya Muro.
5.- El alborotado. El empleado que quiere cambiarlo todo, incluso antes de enterarse de cómo funciona la compañía o, incluso, su departamento... Es el que consigue que lo sencillo se complique.
Pero ojo, cuando una persona llega a una compañía y necesita que le expliquen una determinada tarea no se trata de que sea un incompetente. Solo necesita una explicación, y, si no se la dan, quizá se debe pensar en despedir a los que tienen la obligación de enseñar.
Dos consejos desde Otto Walter International: es necesario ser leales con los competentes, y en el caso de que se haya detectado una incompetencia manifiesta, «tomar una decisión justa y coherente por el bien de todos. Seguro que hay alguien maravilloso por ahí que sería feliz en ese puesto y haría feliz a todo el equipo, y quizá haya un puesto para quien sale donde sí podrá aportar valor. Pues cuanto antes se haga, mejor».
Si el incompetente es un jefe existen varias posibilidades de actuación: aguantarlo, intentar cambiar las cosas, atreverse a decírselo a un superior o «usarlo, ya que es muy probable que no sepa el camino para alcanzar los objetivos, por lo que no pondrá inconvenientes al que intente lograrlos».