Trabajar más allá de los 65

Casi 11.500 gallegos continúan de alta en la Seguridad Social superada la edad de jubilación; la mayoría son autónomos que siguen al frente de sus negocios, por vocación... o por obligación

Trabajar más allá de los 65: ¿elección o necesidad? Casi 11.500 gallegos siguen de alta en la Seguridad Social superada la edad de jubilación. La mayoría son autónomos que siguen al frente de sus negocios, por vocación... o por obligación
G. L.
redacción / La Voz

El listón se eleva poco a poco. Los 65 ya no marcan la edad de salida del mercado laboral, que se retrasa cada año. En este 2018, concretamente, se precisan seis meses más de los que se requerían para retirarse antes de la entrada en vigor de los últimos cambios legales en materia de pensiones, que buscan reducir el creciente déficit de la Seguridad Social. De hecho, el incremento de la edad de jubilación hasta los 67 es la única de las reformas estructurales que no se cuestiona y que no está en proceso de revisión, como sí ocurre con la desindexación de las prestaciones respecto al IPC o la entrada en vigor del factor de sostenibilidad para ligar la cuantía de las nuevas jubilaciones a la creciente esperanza de vida, que se ha puesto en stand by.

Ese incremento progresivo de la edad de retiro, que se completará en el 2027, es una de las razones que explica el incremento de trabajadores que siguen cotizando en la Seguridad Social superados los 65 años. En Galicia, según los últimos cálculos del Instituto Galego de Estadística, correspondientes al mes de mayo, hay 11.429 afiliados en esa franja de edad, un 50 % más que los poco más de 7.500 que había en el mismo mes de hace diez años, justo antes del estallido de la crisis. En toda España rondan los 180.000.

Y es que la recesión, que interrumpió las carreras de muchos trabajadores y rebajó las bases de cotización de otros tantos (consecuencia de la devaluación salarial), es otro de los motivos que explica el crecimiento de trabajadores mayores de 65 en los últimos años, por la necesidad de completar los períodos de cotización necesarios para tener derecho a cobrar una pensión contributiva o bien garantizarse el 100 % de la misma, según los casos.

Sin embargo el fenómeno no afecta con la misma intensidad a todos los regímenes en los que está estructurada la Seguridad Social. Así, aunque es evidente el aumento de ocupados mayores de 65 años entre los asalariados ordinarios (los que integran el régimen general), la tendencia es más acusada entre los autónomos. En Galicia hay ahora mismo más de siete mil trabajadores por cuenta propia, cuando diez años antes el colectivo apenas superaba las 4.700 personas, lo que indica que son muchos los comerciantes o profesionales que tienen que retrasar su retiro para garantizarse una pensión de mayor cuantía.

O, que también los hay, que se resisten a jubilarse. Porque en estas cifras no hay solo trabajadores castigados por la crisis (un capítulo en el que sí podríamos encuadrar fácilmente al medio millar más de empleados de hogar que siguen en activo pasados los 65), sino que también hay catedráticos o médicos eméritos que estiran sus carreras más allá de la edad legal de retiro porque quieren seguir compartiendo sus conocimientos.

Quieren... y están en condiciones de hacerlo. Porque no en todas las profesiones eso es posible. Por eso se aplican coeficientes que permiten adelantar la jubilación en aquellos colectivos que, por su empleo, están sometidos a condiciones de penosidad, peligrosidad o alejamiento de su hogar. El ejemplo más común en Galicia es el de los trabajadores del mar.

La Voz ha reunido a un grupo de trabajadores que se han retirado antes de los 65 o que han decidido prorrogar unos años su vida laboral para ver la compleja casuística que hay detrás de la jubilación.

Manuel Iglesias Pazos: «Os compañeiros xubilados chámanme 'matao'»

Marinero a Punto de Jubilarse (60 años)

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lucía vidal

Este viejo lobo de mar es un romántico de la pesca. Esa que le ha dado tantos buenos momentos, como también sinsabores. Recién llegado de faenar a bordo del cabo de Hornos, aparece en la Dársena de A Coruña. Si nada se tuerce y logra desguazar el barco (lleva cuatro años intentándolo) se jubilará este año. «Os compañeiros chámanme ‘matao’. Algúns deles foron incluso alumnos meus e xa están retirados. Dinme: ‘Pero para, Manuel, que aínda vas morrer no mar’».

Tuvo la opción de coger la baja por enfermedad hace unos años (le detectaron un problema en el corazón). «Daquela me retiraría ben pagado porque tiña boas cotizacións, uns dous mil euros, pero víame moi novo e seguín. Ademais naquel momento -corría el año 2000- eran bos tempos para o sector». Pasó del Gran Sol a la bajura. Hoy se arrepiente de haber tomado aquella decisión. Ahora le quedarán 950 euros de pensión. Mil como mucho. «Esto vai por categorías. Neste caso por barco de menos de dez toneladas».

Manuel mamó el espíritu marinero desde niño. Su profesión responde a una tradición familiar y es absolutamente vocacional: «Eu empecei traballar aos catorce anos e aos dezasete xa andaba de contramestre. Aos 18 tiña unha embarcación de seis metros e logo comprei unha de oito. Este barco que teño agora fíxeno no 96, pensando no fillo, pero el tomou outro camiño». Su hijo mayor es patrón de altura y trabaja en el congelado. El pequeño también es marinero, pero tiene otro barco. «É o peor pesadelo da miña muller», comenta sonriendo. «Enganeina cando casamos dicíndolle que ía deixar isto e agora os fillos tamén están metidos. Foi unha vida dura. Con temporadas moi longas fóra da casa. Sen fins se semana nin festivos, sen ver nacer os pequenos e velos medrar».

A Manuel le gustaría seguir vinculado a su gran amor, con permiso de su esposa, «ensinarlles aos novos, asesorar á Administración...» pero también viajar, de otra manera, claro. «A muller ten moito que dicir na miña xubilación. Roubeille moitas cousas. Merece que lle devolva parte do que lle quitei», cuenta con los ojos enjugados en lágrimas.

José Ramón Fiaño: «Fui un afortunado, me prejubilé a los 59 con el 100 %»

Acaba de retirarse como bombero (65 años)

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L. VIdal

El sábado (sí, curiosamente el cumpleaños de este bombero coincide con el día de las hogueras de San Xoán) José Ramón sopló 65 velas y pasó a ser oficialmente jubilado. Se prejubiló a los 59, y con el 100 % del sueldo, un privilegio al que pudo acogerse porque había entrado en el cuerpo antes de los 25. Desde este fin de semana, como él dice con el sentido del humor que le caracteriza, ha pasado a ser «ingeniero de obras». Confiesa que su pronta retirada tuvo que ver con un desencanto: «A mí esto me gustaba mucho (él era ajustador mecánico y la crisis le obligó a buscar otra salida), pero empezaron a quitarnos la paga extraordinaria y los días libres. Yo tenía 17 al año por las horas extra que hacía y que no se pagaban. Y me cabreé». Una mañana llegó a la oficina y le dijo a la secretaria que le preparase los papeles. «Me dio rabia porque en ese momento estaba haciendo una labor muy gratificante. Dábamos charlas en colegios y empresas, preparábamos la Semana de la Prevención, hacíamos simulacros...». Sobre si da cierta tranquilidad estar retirado tal y como se presenta el mercado laboral, tampoco las tiene todas consigo: «Cualquier día te meten un hachazo a la pensión». Claro que se siente un afortunado si compara su situación con la de su mujer: «Ella se jubiló un año después que yo. Tiene artrosis reumatoide y no podía trabajar, le quedó una pensión muy pequeña».

Mientras charla, vuelan los saludos en el parque. Todos le conocen. 35 años de servicio lo han convertido en una celebridad. Dice que no hay una edad límite para ser bombero: «Si estás ágil puedes hacer calle, aunque no es lo normal. A partir de cierta edad pasamos a otras funciones, por ejemplo atender llamadas». Las instalaciones del polígono de A Grela son su segunda casa, pero este hombre no se aburre. Preside la Asociación de Bomberos Jubilados y forma parte de un colectivo que recauda fondos para ayudar a los afectados por enfermedades raras. Eso, sin contar con el obligado paseo matutino, el que da junto a su perra yorkshire por el entorno de la torre de Hércules. «Por eso estoy tan moreno -matiza-. No es de ir a la playa».

Claudio Sánchez: «Mi nueva profesión será solo la de abuelo»

Se retira de suboficial (57 años)

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lucía vidal

Este pontevedrés ha estado destinado en Valencia, Madrid, Tenerife, Segovia... Y se despide de su vida laboral en su tierra. «Ya había estado 15 años en la unidad gallega de la Brilat, y en esta segunda etapa llevo desde 2011». En el Ejército la edad de jubilación está fijada a los 65, pero a los 61 se pasa a la reserva, el equivalente a una prejubilación en el entorno civil. Hay excepciones, como es su caso: «Los que llevamos seis años ejerciendo el mismo cargo y cumplimos 58, pasamos a la reserva». Y cuenta los días para su cumpleaños, el 5 de marzo del 2019.

En el capítulo de retribuciones, lo que perciben los militares en la reserva equivale prácticamente a lo que cobran aquellos que están sin destino: «Nos baja bastante -reconoce Sánchez Dios-, un 20 o un 25 % respecto a lo que cobramos ahora en activo. Luego a los 63 vuelve a haber una bajada, y cuando cumplimos los 65, que pasamos a estar oficialmente jubilados, lo que recibimos equivale ya al tiempo que hemos cotizado, normalmente es el 100 %, de modo que en algunos casos se cobra más de jubilado que estando en la reserva».

Es verdad que aún estando en la reserva se pueden pedir vacantes. Pero este coronel piensa retirarse con todas las de la ley. «Llevo 37 años de servicio. Y esta profesión te exige mucho, mentalmente, y físicamente. Cada año te ponen a prueba». Es hora de colgar las botas. Le espera un aliciente en casa: en septiembre nacerá su nieto. «Mi nueva profesión será la de abuelo».

José Manuel Liaño Flores: «Quiero llegar a las bodas de brillantes»

Abogado en activo (96 años)

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Con una vitalidad desbordante impropia de su casi siglo de vida, este abogado, una institución que ha llevado al menos quince mil casos, quiere llegar, «si la salud me lo permite, a las bodas de brillantes». A los 70 dejó la judicatura pero siguió como letrado. Lleva 73 años de ejercicio profesional, y porque sus circunstancias económicas no le permitieron en su momento empezar antes. «Acabé la carrera en el año 1942, pero hasta el 45 no comencé a trabajar. El título costaba entonces trescientas pesetas y la matriculación en el Colegio de Abogados, otras setecientas. Era un dineral para la época. Un compañero me lo prestó. Le estaré agradecido toda la vida».

Con seis colaboradores trabajando con él, Liaño Flores hace más horas que nadie: «De diez a diez, con parada para comer. Mi dedicación es esta. Para mí no supone ningún esfuerzo. Cada caso me motiva». Con una prodigiosa memoria, escribe artículos, presenta libros, da conferencias... Y comenta una anécdota de su vida tremendamente activa: «Cuando llegaba a casa con mi mujer, nos despedíamos siempre en el portal. Ella cogía el ascensor y yo siempre subía por las escaleras. Ocho pisos».

Aunque se maneja con el ordenador -«ahora con una tecla lo tienes todo», dice-, también hay hueco para la nostalgia tecnológica: «Tengo una máquina de escribir que es una reliquia. La primera que usé. Una Underwood de 1917 que aún funciona». Es el abogado colegiado en activo más longevo de España, y piensa seguir al pie del cañón. «¿Un homenaje por mi carrera? Bueno, vamos a demorarlo un poco...»

Dolores Agra: «He regalado casi treinta años de trabajo»

Comerciante (77 años)

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Regenta una mercería en el barrio coruñés de Os Castros, de esas donde las clientas son amigas. «Se supone que me debería haber jubilado a los 65, como todo el mundo», dice Dolores. Pero ahí sigue, despachando medias y bañadores. Si su esposo, prejubilado de la Fábrica de Tabacos y fallecido hace unos años, la viese hoy aquí, ¿le regañaría? «Pues posiblemente sí». Dice que continúa por voluntad, no por necesidad: «Vivo sola y aquí estoy más entretenida». Medalla al Mérito en el Trabajo por su récord de años cotizados (61 cuando la recibió), se lamenta de lo poco que le valdrá el metal que le colgaron a la hora de recibir una pensión digna: «He regalado casi 30 años de trabajo, no sé cómo me apañaré cuando me jubile».

Ángel Martínez: «En la clínica me lo paso mejor que en otro lado»

Médico (69 años)

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A sus 69 años, y con una especialidad médica con más demanda que oferta, la de neurorradiólogo, dice que trabajo no le falta. Y ganas, tampoco: «Me sigue interesando la profesión. Sigo las novedades del sector y viajo constantemente para ponerme al día, me lo paso mejor aquí que en cualquier otro lado», explica Ángel Martínez Muñiz. Pasó 39 años en el Chuac hasta que llegaron los 65 y cambió de destino para seguir ejerciendo su gran pasión en la privada, en el HM Modelo. Sobre la actual edad de jubilación es tajante: «No queda más remedio que retrasarla, para mantener las pensiones. La esperanza de vida es mayor, y se llega mejor». Es un firme defensor de la figura del jubilado activo.

Emilio Castro: «¿Vacaciones? No están en mi diccionario»

Comerciante (76 años)

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Lleva desde los 16 años tras el mostrador del ultramarinos El Rápido, en Ferrol. «Es un vicio», dice cuando se le pregunta por el motivo de tan longeva vida laboral. En el 2022 hará cien años que su padre fundó la empresa, y lo que más desea es llegar a esa fecha con salud para disfrutarla haciendo lo que más le gusta: recibiendo el cariño de la gente. «Le pido mucho a la Virgen de Chamorro para poder celebrarlo aquí», dice. El mes pasado se acogió a la fórmula que le permite cobrar pensión mientras sigue trabajando. Entre los beneficios de la tienda y lo que le deducen como cotizante de la Seguridad Social, «me queda una paga modestita». ¿Y vacaciones? «Esa palabra no está en mi diccionario».  

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