Alvariño se queda solo al timón

Mario Beramendi Álvarez
mario beramendi SANTIAGO / LA VOZ

ECONOMÍA

Oscar Vazquez

Sin capacidad para sacar las cuentas, organizaciones sectoriales y provinciales le presionan para que abandone la presidencia de la patronal gallega

14 oct 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Cuando José Manuel Fernández Alvariño llegó a la presidencia de la patronal gallega en julio del 2013, nadie habría imaginado que, solo dos años después, el futuro de su cargo estaría en el aire, como quien se agarra a la última rama del árbol. Aquel verano el veterano empresario vigués de la automoción contaba con el apoyo de Ourense y de Pontevedra, y sobre todo de Lugo, la provincia que decantó la balanza a su favor en el pulso que mantenía con el coruñés Antonio Fontenla.

Dos años después, la realidad es justo la contraria: su apoyo interno es tan limitado que aún no ha podido aprobar las cuentas del 2014, hecho sin precedentes en la reciente historia de la Confederación de Empresarios de Galicia (CEG). Y nada hace presagiar que saque adelante el presupuesto del 2015. Entrados ya en el mes de octubre, todavía no se ha convocado la asamblea general prevista para el verano. Y la patronal ha llegado al extremo de que la guerra interna condiciona toda su actividad diaria. Las cuatro organizaciones provinciales están ahora en su contra, incluida Ourense, último bastión de Alvariño. Y la mayoría de sectoriales -las patronales por diferentes ramas de actividad- llevan tiempo pidiendo su dimisión. A lo largo de los últimos días se han sucedido las presiones al empresario vigués para que abandone el cargo.

Cita clave el jueves

Mañana está prevista una reunión clave de Alvariño con los cuatro presidentes provinciales, a su vez vicepresidentes de la CEG. Y allí le trasladarán este mensaje: existe un clamor generalizado en el conjunto de la patronal para que deje la presidencia de una organización instalada en un limbo de provisionalidad. «Estoy intentando recabar el apoyo de las provinciales, y serán ellas quienes decidan qué patronal quieren. No voy a participar en una CEG en la que no crea», insistió ayer Alvariño.

Llegados a este punto, la primera pregunta que surge es qué ha cambiado en la patronal en apenas dos años para un vuelco de esta envergadura. Inicialmente, la oposición interna era atribuida al histórico pulso entre A Coruña y Vigo, pero la sucesión de acontecimientos fue relegando esa hipótesis. Lugo, clave el el juego de equilibrios, pronto creyó que las promesas de mayor protagonismo a los empresarios del interior no se cumplirían.

El pasado febrero, los presidentes de A Coruña, Pontevedra y Lugo enviaron una carta a Alvariño en la que denunciaban que el proyecto de las cuentas lo había elaborado la tesorería, en lugar de la comisión de economía de la patronal gallega, el organismo que había impulsado el propio empresario vigués para garantizar la pluralidad territorial y un mayor equilibrio provincial en el reparto de recursos.

Una auditoría reveló después datos que crearon más malestar interno: Alvariño había adjudicado a sus empresas el seguro de la confederación y el servicio de chófer de la CEG. Además, estaban previstos en las cuentas 70.000 euros para gastos con Garrigues, el bufete que trabaja con el empresario en su actividad privada.

Han sido precisamente las discrepancias internas del bloque opositor al jefe de la patronal las que han dado aire al presidente. Todos están de acuerdo en que debería dimitir, pero discrepan sobre la alternativa. Por eso se abortó en julio la operación para convocar una asamblea que permitiese revocar su mandato (una moción de censura encubierta). Ahora solo falta saber si Alvariño será capaz de aguantar un segundo asalto.