Más de 20.000 gallegos aceptan ser falsos autónomos para tener empleo

Pagan la Seguridad Social y no disfrutan de bajas, vacaciones ni pagas extra


redacción / la voz

Javier es un vigués de 31 años que trabaja para una aseguradora. Tiene su propio espacio dentro de la empresa, y hace el mismo trabajo que sus compañeros de oficina. Pero no cobra directamente de la compañía, sino a través de una sociedad unipersonal.

Javier es un falso autónomo que, como muchos autoempleados españoles en su misma situación, accedió a darse de alta en el RETA (Régimen Especial de Trabajadores Autónomos), y a pagar su propia cuota de la Seguridad Social, para conseguir un puesto de trabajo.

Su situación irregular no es un fenómeno nuevo, ni se localiza solo en pequeñas empresas. Un ejemplo: el 28 de marzo, centenares de falsos autónomos que trabajan en exclusiva para Telefónica en toda España protagonizaron una sonada rebelión que, por primera vez, puso cara a los afectados por ese fraude. El desencadenante fue un nuevo contrato que rebajaba, todavía más, sus condiciones laborales.

Las organizaciones más representativas del colectivo de los autónomos coinciden en que el número de autoempleados a través de esta fórmula ha crecido en los últimos años a la sombra de las reformas laborales y alentado por la elevada tasa de paro.

Empleados sin derechos

Desde que la Seguridad Social puso en marcha el plan de lucha contra el empleo irregular y la lucha contra el fraude (la aprobación se publicó en el BOE el 27 de abril del 2012), Inspección de Trabajo ha sacado a la luz casi 6.000 casos fraudulentos. Son solo los constatados, pero hay muchos más. Las estimaciones de la Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos (UPTA) hablan de al menos 175.000 profesionales en estas condiciones en toda España al cierre del 2014.

Según sus cálculos, basados en los datos de la encuesta de población activa (EPA) y del registro del Régimen Especial de Trabajadores Autónomos, en Galicia hay más de 20.000 profesionales que, a pesar de tener dedicación exclusiva con una sociedad y valerse de los recursos de la empresa (maquinaria, ordenadores e incluso formación), no tienen una vinculación laboral directa y carecen de los derechos del resto de sus compañeros.

«Esto supone que, por ejemplo, los falsos autónomos no reciben indemnización por despido, ni prestación por desempleo. Además, no están protegidos por convenios ni cubiertos por el Fogasa. Tampoco disponen de días de asuntos propios, ni tienen vacaciones retribuidas, ni dietas, ni bonus», explica ATA, la Asociación de Trabajadores Autónomos. Por si todo eso fuera poco, los falsos autoempleados no disfrutan de las ventajas habituales de los trabajadores por cuenta propia, como la flexibilidad, al estar sujetos a las condiciones y horarios de la empresa. «Esta es una práctica puesta en común con el objetivo de que el empresario se ahorre los costes laborales de los empleados, ya que es el propio trabajador quien los asume al pagar la cuota y las obligaciones fiscales como un trabajador por cuenta propia», matiza UPTA.

Servicios y transporte

La ventaja para las compañías al recurrir a este tipo de contratos es evidente, según la organización. «Los costes laborales se reducen ostensiblemente, sobre todo al no tener que hacer frente al pago de las cotizaciones sociales, logrando una mayor rentabilidad y competitividad» Las ramas de actividad en las que hay mayor número de autónomos falsos están vinculadas a los servicios y el transporte. También se suele localizar este fraude en algunas profesiones liberales, como periodistas, abogados o economistas. «Se da en muchas empresas de transporte. Los trabajadores figuran como autónomos pero cumplen horarios e incluso llevan vehículos rotulados de la empresa», dice el Ministerio de Empleo.

La salida de los tribunales

Aunque suele ser un acuerdo consentido, algunos trabajadores, cansados de esperar a que una inspección ponga fin a su irregularidad laboral, deciden demandar. Sin finiquito ni paro, muchos se quedan sin ingresos mientras esperan fallo judicial, asegura ATA.

Un fraude alentado por la tarifa plana

La tarifa plana de 50 euros para los seis primeros meses de vida de un autónomo es un acicate que hace que muchos autoempleados acepten esta fórmula de vínculo laboral cuando se lo propone la empresa.

Ilegalidades al margen, el problema es que esa tarifa no es tan plana. La bonificación que aprobó el Gobierno en febrero del 2013 y que permite afiliarse como autónomo pagando al mes 53 euros, es decir, con un descuento del 80 %, se reduce al 50 % a los seis meses y al 30% un año después. En ese momento, el autónomo tendrá que afrontar una cotización completa de 260 euros mensuales.

«La cuota se va elevando progresivamente a partir del primer año, independientemente de su volumen de facturación, y a ella se van sumando otros gastos fijos a los que suele hacer frente el autónomo, como la gestoría, la contabilidad trimestral y anual y gastos fiscales», explican desde la organización de autónomos ATA.

Aclaran que, en la práctica totalidad de los casos, el falso autónomo surge por imposición del empresario, que quiere abaratar costes. «Hay empresas que llegan a despedir a trabajadores para luego readmitirlos como autónomos. Es una práctica bastante habitual, por desgracia», advierte la organización.

Aunque en teoría el salario que va a percibir el falso autónomo puede llegar a ser incluso superior al del empleado asalariado, en la práctica, los gastos que conlleva el autoempleo y la falta de pagas extras, lo reducen considerablemente.

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