Las pasadas semanas todo el país ha vivido, como si de un torneo futbolístico se tratase, los acontecimientos sobre el futuro de nuestros astilleros. Fue escuchando cómo se iba cantando la alineación del equipo que disputaría el torneo y comprobó que estaban todos los titulares. Como un hecho inédito y sin precedentes en el plano económico, industrial y laboral, el conjunto de los intereses se alineaban y todo el mundo se sentía cómodo detrás de la misma pancarta.
Enfrente, una todopoderosa selección plagada de viejas glorias, de estrellas apagadas pero con oficio y mucha experiencia que sabía que jugaría en su campo. En el torneo europeo, nuestra selección fue engranando un juego ofensivamente no muy brillante, pero muy robusto en la defensa.
Hasta aquí el símil futbolístico. Pero es que nuestro sector naval y 87.000 familias vivieron estos días una finalísima de esas que contaremos a nuestros nietos. Ahora bien, no es menos cierto que nuestro sector está y debe estar permanentemente retando el día a día. Esperemos que de nuevo todos los que formamos parte de él podamos destinar nuestras energías, ingenio y saber hacer a continuar innovando y ofreciendo a nuestros armadores un producto de la mas alta fiabilidad y calidad.
Como en estas semanas necesitaremos del apoyo de las administraciones, de los trabajadores entorno a sus sindicatos y de la inédita unanimidad política. Pero el torneo no ha concluido, queda la final y no sería el momento de cometer las torpezas de las selecciones inexpertas. Tiremos de responsabilidad y oficio, que prevalezcan los intereses de los que han puesto mas entusiasmo, esperanzas y sacrificio, los trabajadores y los parados del naval. Al menos juntos sí podemos?. Intentarlo.