«A mí ya no me manda parar nadie»

La Voz VIGO |

ECONOMÍA

Los corrillos de trabajadores enfundados en ropa de faena (mono azul, botas de goma, casco...) sentados en las aceras o charlando a las puertas de Hijos de J. Barreras, Freire, Cardama o Armada indican que es la hora del bocadillo y que, por fin, después del 27 días de huelga, la normalidad ha vuelto a los astilleros.

No hace falta acercarse mucho para deducir que el tema de conversación del día es el paro, del que dan buena fe los restos de contenedores quemados sobre el asfalto en plena avenida de Beiramar; y la negociación de un convenio que está costando sangre, sudor y lágrimas a los 27.000 trabajadores del sector.

La presencia de los periodistas provoca gestos de rechazo por parte de algunos operarios. «¿Para qué preguntades, se non decides nunca a verdade?», interpela uno de los empleados de una auxiliar. «Si pensáis que nos sentimos derrotados estáis equivocados, esto es solo una tregua y vamos a volver con más fuerza a defender lo nuestro», afirma un compañero, mientras da fin a un cigarrillo a las puertas del astillero.

La mayoría callan o prefieren mirar hacia otro lado cuando se les pregunta si ha servido para algo la huelga. El que más y el que menos ha visto cómo su nómina ha perdido más de la mitad del importe que debería entrar en casa este mes, y las explicaciones de los sindicatos ya no convencen, sobre todo a los más veteranos. «El naval y el metal siempre han sabido defender sus derechos y luchar por ellos, pero esto estaba ya agotado desde hace días y había gente que ya empezaba a volver al trabajo por su cuenta», afirma un operario subcontratado por una auxiliar que trabaja para Barreras.

En el otro extremo de la ciudad, en Teis, la normalidad también es la tónica dominante en factorías Vulcano, M Cíes o Metalships. «Si no llega a haber una decisión este lunes, la gente hubiera acabado volviendo poco a poco a trabajar, porque tantos días de huelga no se podían sostener», asegura un obrero de Vulcano. Junto a él, un grupo de compañeros hablan de la posibilidad de que la factoría traslade uno de los sísmicos que acumulan más retraso a Metalships, en lugar de llevarlo a Santander para su conclusión. Todos coinciden en que el paro ya no tenía más recorrido. «Estoy en las últimas y tengo que llevar dinero para casa. A mí ya no me manda parar nadie», dice un empleado.