Nada hace pensar que la aventura asiática implique un riesgo desmesurado. Los datos confirman que, lejos de fracasar, los proyectos han sido un éxito. El grupo Campo, a través de su filial Rocagest, adquirió más superficie para crecer en China tres años después de asentar parte de su producción en el país, donde ya dispone de tres canteras e instala piedra elaborada en viviendas y obras públicas. Koala, una de las primeras productoras gallegas de material eléctrico, dio el salto a su segunda factoría china tras la buena marcha de su primera fábrica de enchufes e interruptores eléctricos. La misma necesidad de crecimiento la vivieron en el sector textil los pioneros gallegos en el salto asiático. Desde la oficina del Igape en Shanghái recuerdan que hacer negocios en China «tiene sus complicaciones». Para el empresariado asiático, las relaciones personales son casi más importantes que el hecho de ganar dinero. Cómo hacer negocios La consultora gallega Landsea lleva años trabajando en Asia asesorando a empresas de Galicia y del resto de España. Los responsables de la compañía en China aseguran que el interés de las industrias por trasladar producción hacia los países asiáticos «no ha dejado de crecer de manera exponencial durante los últimos cinco años». China, en particular, y Asia en general, no solo es una máquina productiva inagotable. También es un mercado goloso para sectores estratégicos de la economía gallega. Bodegas gallegas e industrias alimentarias, sobre todo relacionadas con el mar, están en pleno proceso de entrada al país, como también sectores emergentes (es el caso de las energías renovables o el de los componentes electrónicos). En los dos últimos años, además, la Administración china ha facilitado los trámites para la implantación de empresas y la dotación de recursos humanos.