OPINIÓN
16 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.HACE YA tiempo que se abandonó la idea, aplaudida por tantos analistas en el pasado cercano, de retribuir al accionista sólo con ampliaciones de capital y la promesa de incremento de la cotización. Ahora se ha vuelto al reparto de dividendos, aunque puede que disminuya el porcentaje que representan respecto a los beneficios ( pay-out), aprovechando que las retenciones fiscales han bajado del 18% al 15%. Pero el hecho es que, en estos momentos, ninguna empresa se atreve a no repartir los resultados. Incluso Telefónica ha vuelto al redil que abandonó en 1998. El mercado ha impuesto el peaje del reparto de dividendos. Con los datos hoy conocidos, salvo el imponderable de la duración y extensión de la guerra en Irak, los inversores suponen que la economía mundial está obligada a pasar por «un prolongado período de crecimiento por debajo del potencial». Por eso es que los ahorradores quieren ver beneficio neto, sólidos flujos de caja y buenos fondos propios. Es decir, dividendos. No quieren deuda, ni diversificación en nuevas actividades, ni ebitda , ni resultados proforma . Es decir, ni contabilidad creativa ni promesas de futuro. Nuevas prioridades Antes lo que importaba eran las ideas y proyectos que demandaban nuevas inversiones. Ahora importa concentrarse en las actividades que se conocen y vender o liquidar, aunque sea con pérdidas, las actividades de diversificación. Pero, sobre todo, interesa descubrir cómo aumentan los márgenes de beneficio. Antes mandaban los directores financieros y ahora son los de producción y personal.