La compañía gallega ha conseguido desbancar a otras marcas en sólo cinco meses, e inaugurará nuevas tiendas en Turín y Monza antes de final de año
19 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.«Zara, per favore?» Si usted formulase esta pregunta en las calles de Milán, podría obtener dos respuestas: Si el interlocutor es despistado, le indicaría cómo alcanzar la parada de metro homónima. Si está a la última, le hará llegar hasta el Duomo, la imponente catedral milanesa circundada por las tiendas de ropa más sofisticadas. Allí, en el comercial Corso Vittorio Emanuele, se dará de bruces con los escaparates de Yves Rocher, Fiorucci, Max Mara o Diesel, oasis del consumo poblados por turistas orientales dispuestos a maltratar la cartera. Mario, 40 años, bolsa en mano, no parece preocupado por los precios estratosféricos. Acaba de dejar atrás la primera tienda abierta por Zara en Italia, un flamante local de cuatro plantas desbordado de clientes. «Yo compro normalmente en Hugo Boss o Armani, pero aquí hay prendas que me encantan, sobre todo para el tiempo libre», explica este milanés seducido por los complementos de la marca de Arteixo. Y a la vista del éxito -en sólo cinco meses la tienda milanesa ya ha conseguido desbancar a sus rivales-, Inditex ya prepara, para antes de final de año, las inauguraciones de dos nuevas tiendas, en las ciudades Turín y Monza. Si no fuese por las etiquetas y las colas ante las cajas registradoras, nadie pensaría que en este lujoso megastore se puede encontrar una inimaginable gama de productos «muy baratos» para los italianos. Los materiales empleados en la construcción, el diseño del inmueble, la organización del personal y, sobre todo, los vistosos escaparates podrían hacer pensar al neófito que se trata de una tienda no apta para mortales. Los italianos, mas vale tarde que nunca -porque la fórmula de esta cadena gallega no ha podido aplicarse en el país de la bota hasta el pasado abril-, ya saben que no es así. La apertura de Zara (obstaculizada por una política proteccionista en materia textil) se produjo gracias a una joint-venture con el grupo inmobiliario Percassi. Ahora se entiende porque en las escuelas de negocios como Harvard es obligatorio el estudio pormenorizado del «milagro gallego».