De Champalimaud a Ence

ÁNXEL PARDO A CORUÑA

ECONOMÍA

La venta de la empresa forestal avivará la tensión económica entre Madrid y Lisboa La batalla por el control de Ence avivará a partir de mañana las tensas, y estrechas, relaciones económicas entre España y Portugal. El intento de dos grupos portugueses, Portucel y Sonae -éste con aliados gallegos- por dominar la celulosa española se produce en plena ofensiva del Gobierno de Lisboa para conquistar el mercado de su vecino. Ésa es la pócima mágica en la que confía el primer ministro Guterres para conjurar una recesión en Portugal, mientras todavía escuecen las heridas abiertas por el último incidente: el veto español a la compra de Hidrocantábrico por EDP.

05 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

«Amo tudo na Espanha. Somente gostava mais dela se estivesse na Rússia». Esta sentencia de 1850 de uno de los grandes de las letras lusas, Eça de Queiroz, cobra rabiosa actualidad ante el creciente sentimiento existente de estar sufriendo otra invasión. Tres mil empresas con capital español operan en Portugal, frente a las 250 lusas que lo hacen al otro lado de la frontera. Banca, seguros, telecomunicaciones, construcción y textil constituyen los ejes de esta penetración de España. En abril, Guterres lanzó su nueva apuesta estratégica para dar un giro a una política exterior orientada hacia Brasil. Ahora el vecino ibérico es el objetivo. Nada mejor para esos planes que hacerse con el control de una empresa clave en uno de los sectores vitales en Portugal, el forestal. Sin embargo, los dos candidatos lusos para comprar Ence presentan problemas; Portucel porque todavía es estatal y Sonae, por el enfrentamiento con su dueño, Belmiro Mendes. Desde el intento frustrado por detener la compra del Grupo Champalimaud por el BSCH las fricciones se han sucedido, en ocasiones con final feliz -como el reciente permiso a Telefónica para tomar el 10% de PT- o frustrante, caso de la derrota de EDP en la batalla por el control de Hidrocantábrico.