Proliferan anuncios y mensajes contradictorios o servicios anárquicos y poco coherentes
26 nov 2017 . Actualizado a las 05:00 h.Parece desidia más que coste. Muestra poco sentido común en quien lo hace y menos escrúpulos en tener un mínimo rigor. Transmite incoherencia y desprecio de la Administración al administrado. Y traslada esos valores a la ciudadanía, la idea de chapuza, la idea de desorden, la idea de que todo vale.
Hablamos de lo cotidiano. De lo absurdo e inexplicable de muchas estampas urbanas y rurales con las que ya no nos frotamos lo ojos porque consiguieron que sean tan habituales que tienen ya grado de normalidad y no generan sorpresa.
Es igual que fuese antes la acera o el poste de servicios eléctricos o telefónicos clavado en medio. Es igual que el que el pintor del paso de cebra no reparase en que los peatones se empotraban en el poste o que valorara que la ridícula rampa tenga incluso la mitad fuera de las rayas. Es igual quien cree que su cartel en la pared prohibiendo anuncios no es un anuncio o solo molesta el de los otros.
Recorrer las calles sin la urgencia que nos impone la sociedad permite ver deterioros y desperfectos que muestran abandono y desidia, pero corregibles. Lo absurdo son las estampas en las que la Administración invierte en pintura o cemento, en postes o rampas y no entra en cabeza humana que estén como están. Y con decenas de ellas topamos en cualquier villa, aldea o espacio rural. Es el día a día, normalizado y asumido por los ciudadanos.
Claro que hay casos donde el absurdo va mucho más allá. La Administración no solo lo genera, sino que lo pone en valor. En la calle B de Lalín, además del caso de badenes que superan la medidas legales, que es otro asunto, hay rótulo de calle Ecovía, mobilidade sostible, eficiencia enerxética. En pocos sitios se pueden ver tantos absurdos juntos para desmentirlo, además del ladrillo a la vista, tan urbanamente deshumanizante. En Silleda, en su centro neurálgico, al mojón del Camiño es imposible ponerle más complementos para esconderlo.
Se reclama a los ciudadanos que no se usen las papeleras como soporte publicitario de fiestas y demás y hay contenedores que son base de anuncios oficiales como el corte de vía en A Carixa.
Cuando el viajero circula entre Agolada y Vila de Cruces por Brocos, hay cartelería preciosa y nítida que anuncia, justo antes del puente sobre el Arnego, que estamos en los Sobreirais. Claro que el viajero mira y mira y no ve ni una sobreira, solo pinos. Y en ese caso, o están mal colocadas las sobreiras o lo está el cartel.
Hablamos de acciones de la Administración, de las que usan recursos de todos, sean municipales, provinciales, autonómicas o estatales. Detrás de todos las actuaciones absurdas hay inversión. Las citas son mínimos ejemplos de lo que, por tan cotidiano, no genera movimiento social, que por ser sorteable al caminante ni consideramos, que por estar tan habituados a la incoherencia oficial ya no ponemos en valor. Es igual que el cartel mienta, que la calle tenga un poste en medio. Solo quien lo sufre expresamente se lamenta. Solo el que siente que está pagando absurdos e incoherencias se frota alguna vez los ojos. Pero nada más. Es el día a día que nos devora y sabemos que la vida está hecha de pequeños detalles aunque como resulta evidente en muchos casos son malos pequeños detalles.