AL TRASLUZ | O |
18 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.LLEGADO EL OTOÑO cambian los ritmos de nuestra vida cotidiana. Ya parece que siempre es de noche. Son las siete de la tarde y lo único que apetece ya es recluirse en casa. Da igual que haya tiempo, al igual que en verano, para irse de tapas con los amigos o para comprar algo en las tiendas que a esa hora permanecen abiertas. Esas opciones ya se descartan y más si, como en los últimos días, hay que cargar también con el paraguas. En esta época del año casi parecemos alemanes, belgas, ingleses, franceses..., que a las seis de la tarde cierran ya los establecimientos puesto que hace tiempo que terminaron su jornada laboral. En lo que no llegamos a imitarlos ni en invierno, salvo raras excepciones, es en la hora de levantarnos ni en el desayuno. Con la llegada del otoño también es hora de tomar un pequeño respiro: ya se acabó la crisis postvacacional, la cuesta de septiembre... Y es pequeño este paréntesis porque en pocos días seguro que ya nos comienzan a bombardear con las navidades. Para esa época, con el mismo frío y anocheciendo antes, vuelve el espíritu veraniego. Por las calles hasta tarde, compras hasta última hora, comidas familiares, empresariales... Llega otra vez el ajetreo. Pero para aprovechar este tiempo de paréntesis la programación cultural que en los últimos días están presentando los concellos son una buena opción, la mayor gratuitas. Ver a Pepe Viyuela este sábado en Vila de Cruces es una de las pocas oportunidades que a lo largo del año tienen los vecinos de las comarcas de presenciar espectáculos de artistas de referencia a nivel estatal, aunque en esta ocasión haya que pagar una pequeña entrada. Este tipo de actividades deben hacernos olvidar que estamos en otoño y volver a nuestro ritmo veraniego o navideño y no irnos para casa a ver la televisión nada más salir del trabajo y tras realizar las compras imprescindibles.