AL TRASLUZ | O |
19 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.LA DIFICULTAD de organizar unas fiestas a nadie se le escapa. Sobre todo por la labor ingrata del petitorio. Las quejas por las pocas aportaciones en los cascos urbanos, son salvo casos excepcionales, una constante. Mientras en muchas parroquias viven ajenos a ese problema o está minimizado. El último ejemplo fue el de este lunes en la parroquia silledense de Graba. Este año los festejos de Santa Mariña vivían la misma situación que en Vila de Cruces o Silleda. A escasos meses para las fiestas y sin comisión. A quien le tocaba este año organizar las fiestas no estaban por la labor. A falta de un Concello o un departamento de Cultura que sacara las castañas del fuego fueron dos vecinos de este lugar los que decidieron que no podían quedarse sin su festejo tradicional. Con poco más de quince días de margen completaron un cartel con dos orquestas y una charanga. Hubo aportaciones vecinales suficientes para que la deuda no recayase sobre quien pasó el trabajo de organizar. En otros puntos, caso de Cortegada o de Cirela, los jóvenes trabajan todo el año para reunir un buen cartel y no empeñarse. El resultado es que todos los vecinos vemos cómo se amplían las posibilidades de ocio en verano. Y sin pagar entrada.