La casa-museo de las «tecedeiras»

MARIEL FIORI LALÍN

SILLEDA

ROMÁN GUTIÉRREZ

Una vecina de la parroquia de Saidres, en Silleda, conserva uno de los pocos telares que quedan en la comarca de Deza Subiendo por una desvencijada escalera que comienza en el establo de las ovejas, se llega a un altillo que descubre una habitación que parece la sala de un museo. Concepción Mato Gómez conserva en Saidres (Silleda) todos los elementos necesarios para el hilado y tejido del lino. Desde sus primeras etapas, como las semillas y estrías, hasta el producto acabado: manteles, mantas y colchas. Y a pesar de que las manos ya no la ayuden para una tarea semejante, con su palabra hila y teje todo el proceso del lino.

09 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

A medida que señala los numerosos objetos que se encuentran en su casa-museo y a la manera de un guía turístico, Concepción Mato explica para qué sirven y en qué parte de la transformación del lino en tela colaboran. Y es que, según algunos investigadores, eran necesarios 23 pasos totalmente artesanales para poder vestir la codiciada prenda de lino. El proceso era trabajoso. Lo primero que se hacía era cosechar, para después sacar las semillas con el ripo -un banco de madera con una especie de peine gigante de hierro en el centro-. Después se ataba en manojos y se lavaba en el río. Una vez hecho eso, se dejaba el lino en un pozo con agua tapado con piedras para que no se levantase durante quince días. Pasado ese tiempo, se sacaba y se secaba al sol cuatro o cinco días antes de agarrar los manojos y golpearlos con una maza para romper las cáscaras del lino. Luego había que espadelar. Es decir, golpearlo con una tabla para limpiar el lino. Una vez en este punto era necesario prepararlo con el rastrillo -una tablita de clavos-, en la que se pasaba el lino para ponerlo fino. Lo que queda pegado en el rastrillo es el lino gordo. La estopa, que se usaba para hilar grueso. Para hacer colchas, por ejemplo. Después se hilaba. «El lino parece un copo de algodón que se pone en la punta de la rueca -explica Concepción-, una vara de madera de laurel atada a la cintura y agarrado con la mano. En la otra está el huso que se da vueltas y va formando la mazaroca, el hilo enroscado alrededor del huso. Se saca la mazaroca y se la pasa a una rueda que da muchas vueltas, el sarillo, para armar la maraña», añade. La madeja y el ovillo Con esa madeja se hacía el ovillo. Había que sacar la maraña del sarillo -que tiene forma de cruz de madera- y pasarlo a la debandoira, hecha de cuatro palos que al hacerla virar va haciendo los ovillos. Después se pasan los hilos de los ovillos por los agujeros de una paleta de madera que rodea a las cuatro varas de un metro cada una que forman la urdimbre. Una vez confeccionados doce hilos ya se podía empezar a tejer.