AL FILO | O |
12 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.POR UNA vez se cumplieron los pronósticos. Los pequeños que el lunes regresaron a las aulas sabían que el cole no empezaba hasta que comenzase el otoño y aunque en el calendario los números seguían apuntando al verano, el chaparrón, los nubarrones negros y alguna que otra ráfaga de aire un poco más fresco de la cuenta les convencieron de que el verano había comenzado. Ayer alguno cogió la cartera y ya pretendía salir de casa con plumífero y las botas puestas. Al final el sol regresó, aunque algo más tímido que en el resto de septiembre y sobraban los calcetines y los zapatos. El otoño arranca poco a poco y nos vamos despidiendo de las sandalias, se recortan las horas de luz y como dice alguno: en nada, Navidad. Ayer en Pontevedra la moda dezana inundó las pasarelas de modelos de primavera y verano. Un gusto y un lujo, que disfrutaremos la temporada que viene. Llega el otoño y con él, en el caso de Lalín tras las fiestas, allá para primeros de octubre, el retorno ya es definitivo. Comienzan los cursos de todo tipo, los chavales tienen clase por la mañana y por la tarde, las actividades, funcionan los comedores de los coles, se hace de noche a media tarde, salimos cubiertos de ropa de pies a cabeza y empezamos a soñar (excepto los que se van en octubre) con destinos de vacaciones paradisíacos, contamos con verdadera precisión los festivos y puentes posibles de aquí a fin de año y jugamos a programar qué haremos en todos los fines de semana libres. En septiembre quedan también como colofón de fiestas las de la tercera edad que congregarán dentro de nada, en dos convocatorias diferentes, a los mayores de Rodeiro por un lado y a los de Cercedo y Forcarei por otro. No faltarán las medallas, el vino o la queimada.