Una tregua pintada de agua

RODEIRO

AL FILO | O |

06 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

LA LLUVIA golpea sin hacer ruido, salpicando apenas los cristales con gotas minúsculas. En la calle los termómetros bajan la guardia después de tanto ajetreo y las brigadas de incendios se toman un día de descanso. Los niños sueñan con las tardes de sol y el regreso a las piscinas. Me imagino que a estas horas los once niños saharauis que pasan en Deza sus vacaciones estivales estarán mirando boquiabiertos al cielo aunque alguno, la mitad más o menos, hayan vuelto a la misma casa de Rodeiro que abandonaron el año pasado. El verano nos da una tregua para hacer castillos en el aire, para llenar el alma con la nostalgia de los días grises. El tiempo nos regala un paréntesis pintado al agua, con los colores del horizonte teñido de bruma y los verdes más brillantes que nunca. Los pájaros se dan un chapuzón en el cielo y en la residencia das Dores sus habitantes pasan el rato mirando a través del cristal el jardín vacío. Pasando revista quizás a otros muchos veranos, a mil días lluviosos, a otros estíos pintados de gris y adivinando detrás del manto de nubes el brillante azul del cielo y un sol, de nuevo, radiante.