O Tenderete, el paraíso de las labores en Lalín

Rocío Perez Ramos
Rocío Ramos LALÍN / LA VOZ

LALÍN

miguel souto

Isaura Álvarez Gil ofrece a sus clientes todo tipo de materiales y un asesoramiento profesional

27 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Isaura Álvarez Gil (Silleda, 1972) abrió O Tenderete en Lalín junto a su marido, José Ramón Silva, un establecimiento de mercería que ofrece, entre otras cosas, todo el material necesario para un sinfín de labores. «Eu era modista, casei en Lalín, nos viñemos para aquí e abrimos o negocio», explica. Después quedaría Isaura al frente del establecimiento que en la actualidad atiende junto con Mónica Expósito.

Mientras hablamos, en la tienda hay un trasiego constante de clientas que reciben un asesoramiento profesional para cada pedido. Desde la cantidad exacta de tela o de hilo necesaria para una prenda de confección o de croché a la realización de cremalleras a medida con el color o la combinación de tonos perfecta para el lugar donde van a ir colocadas.

En octubre de este año el establecimiento cumple tres décadas y en ese tiempo cambiaron algunas cosas. Cuando abrió, comenta Isaura, en Lalín había multitud de modistas. Con una potente industria textil era raro encontrar a una mujer en la zona que no fuera ducha en la materia. Había muy buenas costureras y «de traballar nas fábricas e nos talleres sabían montar perfectamente unha prenda», apunta.

Hoy, en cambio, aunque quedan algunas, entre las nuevas generaciones hay mucha gente que «non sabe nin hilvanar». Cuenta que «só coñezo un instituto de Ourense onde se da os rapaces e as rapazas unha hora á semana na que aprenden nocións básicas de cousas moi necesarias para a vida como é coser para poder por un botón ou subirlle un baixo a un pantalón, por exemplo». Unas clases que incluyen también otras cuestiones de la casa como la realización de pequeños arreglos cotidianos.

Ahora, comenta, quedan muy pocas modistas y las ventas de telas para confección decayeron porque también la ropa comprada es mucho más asequible y las telas salen caras. Si antes este tipo de géneros se fabricaban en Barcelona, con los años, la mayoría de estas fábricas que surtían también de todo tipo de complementos textiles que alimentaban la confección a medida, fueron cerrando.

Menos prendas a mano

Pero aunque prima la compra de la ropa confeccionada, hay quien sigue prefiriendo para alguna ocasión una prenda realizada a mano a medida, algo a lo que muchas vecinas de la zona estaban acostumbradas. Esas generaciones de expertas nota mucho la diferencia.

«Agora é todo oversize, e non lles gusta que as mangas non vaian no seu sitio, as ven mal rematadas; nada que ver ao que era antes»

, comenta Isaura. Las lalinenses duchas en el arte de la confección continúan ejerciendo aunque menos y hay también quien pasa por la tienda para pedir consejo en el montaje de prendas cuyos patrones sacan de alguna conocida revista.

No obstante sigue siendo algo que tira, ya no tanto para hacer ropa nueva, sino para tunear las que tienen cierta solera. Prendas vintage a las que sus dueñas quieren dar una nueva vida. Prueba de ese interés por aprender es, apunta Isaura, que «cada vez que sae a venda algunha máquina de coser pequena a bo prezo, acábanse, e hai un curso na UNED de confección na que as prazas non chegaron a nada». En O Tenderete se venden también telas de algodón estampadas usadas para alegrar mandilones, hacer bolsas para la merienda, fundas de música o una bolsa de labor...

Tras unos años de parón, las labores de aguja y ganchillo están también viviendo un gran impulso de un tiempo a esta parte aunque la clientela en este campo continúa siendo netamente femenina. Tiene además mucho tirón el punto de cruz y el medio punto y casi nada el patchwork. En O Tenderete imparten cursos de calceta y de ganchillo y el público es «de mulleres de máis de 45 anos». Muchas, apunta, llegan con la fotografía o imagen de la labor que quieren aprender a realizar. Normalmente una chaqueta, un jersey o cualquier tipo de prenda o un bolso, porque los manteles y los tapetes de nuestras abuelas hace años que pasaron a mejor vida. Se emplean, en algunos casos, para reciclarlos y convertirlos en parte de una prenda o complemento siguiendo, muchas veces, los pasos de algún tutorial o copiando alguna imagen tomada de Instagram.

El uso del punto al estilo de las prendas calcetadas o de ganchillo de grandes cadenas de la moda han puesto el foco en estas labores artesanales, propiciando todo un bum y que las más jóvenes cojan las agujas para sumergirse en este mundo, aunque en la mayoría de los casos, apunta Isaura, para aprender tiran de internet. En O Tenderete la oferta de lanas y algodones resulta infinita. Explica que «a xente leva algodón para o verán, pero o resto do tempo o que se vende é la». Son productos «de marcas españolas moi coñecidas» y lo que más salida tiene «son as cores lisas; as las de fantasía se venden moi pouco», comenta. Tienen una profesora que acude dos días a la semana a dar clases.

Estanterías móviles repletas

En las estanterías del local se pueden encontrar todo tipo de agujas para labores. Si antes para calcetar había solo un tipo único ahora es todo un mundo por descubrir. Tras el mostrador, en el local se despliegan una serie de estanterías móviles que albergan un sinfín de cintas de raso, de organza, estampadas, lisas... que dibujan un mar de colores en diferentes materiales. Otras albergan botones, muchos de fantasía, que se utilizan para dar nueva vida y engalanar una prenda.

Tijeras, algunos recambios para máquinas de coser, aceites y todo tipo de hilos de punto de cruz, de medio punto, de bordar o semihilos, entre otros, hacen de este establecimiento un paraíso para todo tipo de labores. Son un tipo de tiendas que ya escasean y en las que las aficionadas a este mundo encuentran no solo todo lo que necesitan, sino también en muchos casos, una fuente infinita de inspiración porque en O Tenderete también ponen gráficos y revistas al servicio de sus clientes, y les ayudan en todo el proceso.