El bazar Torres de Lalín emprende su adiós

Rocío Perez Ramos
Rocío Ramos LALÍN / LA VOZ

LALÍN

Rocío Ramos

Con 69 años de historia a sus espaldas, el establecimiento colgó ya el cartel de liquidación y detrás del mostrador, Carlos Vázquez Ríos se da hasta diciembre para vaciar el local y cerrar las puertas por jubilación

12 may 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

Nacido en un cruce de carreteras, Lalín continúa ejerciendo como epicentro comercial de la comarca de Deza. Desde aquellas ferias que aglutinaban sus puestos en torno a la antigua torre, hoy desaparecida, ha llovido y pasado mucho. En la actualidad la globalización, la proliferación de las grandes cadenas y la venta electrónica fue cambiando los hábitos y las costumbres, pero el comercio local y de proximidad sigue insuflando vida a las calles, aunque en transformación permanente para lograr adaptarse a los nuevos tiempos, como hizo siempre.

Dentro de esa amplia oferta comercial, los bazares tenían en Lalín una posición predominante hace décadas. Con el tiempo fueron cerrado, mayoritariamente por jubilación, y cada vez quedan menos. Uno de los que permanece es el Bazar Torres, con 69 años a sus espaldas, aunque un cartel de liquidación en la puerta anuncia un pronto cierre.

Detrás del mostrador está Carlos Vázquez Ríos, yerno de los fundadores, ya fallecidos, y que se da de plazo hasta diciembre para liquidar la mercancía que aún llena las estanterías. Antes que él fue su mujer, María Jesús Hermida Ramos, la que regentó este veterano negocio que abrieron sus padres en el año 1954.

Carlos Vázquez explica que fue Jesús Hermida el que abrió el establecimiento, que nació como ultramarinos y bar. La taberna estuvo en funcionamiento durante pocos años y el negocio fue evolucionando, para ampliar su oferta con productos de droguería, decoración, menaje de cocina y un amplio abanico en el que se incluye bisutería, plata y, como dice Carlos, «un poco de todo».

Cuenta que «el negocio se abrió por mi suegra, Blanca Nieves Ramos. Ella nació en Cuba y se vino para aquí». Hace muy poco falleció ya centenaria. Su yerno solo tiene palabras de admiración «para una mujer extraordinaria. Fue una de esas mujeres de antes que no se valoraron nada en Galicia y que trabajaban de sol a sol, llevaban la casa, la familia y lo hacían todo». Enviudó en el año 2002 cuando su marido falleció con 86 años.

Con 72 años, Carlos espera dedicar ahora más tiempo a su mujer y a su familia. Asegura que «me da pena cerrar» y, aunque no le faltan aficiones con las que llenar el tiempo libre, echará de menos las tertulias en el bazar. Cuenta que «por aquí pasa mucha gente, siempre hay alguien». Y aunque las ventas hace tiempo que no son lo que eran, el bazar continúa siendo parada obligada para todo el que pasa por delante de la puerta y se queda un rato para hablar. «Tengo más gente que viene a charlar que a comprar», asegura con una sonrisa.

Ninguno de los propietarios, ni la familia, tiene un Torres en su apellido, pero así se llamaba y por ese nombre era conocida la casa de Alemparte de Jesús Hermida, por lo que eligió ese nombre para el negocio. Desde entonces tanto Jesús como después Carlos son más conocidos como Torres que por sus verdaderos apellidos.

Vázquez Ríos echa de menos aquellos tiempos en los que la multitud que acudía a la feria obligaba a no cerrar ni para comer, en jornadas en las que «abríamos a las nueve de la mañana y cerrábamos a las nueve o diez de la noche». Recuerda los grandes encargos en verano realizados por los emigrantes que regresaban en agosto a sus aldeas para pasar las vacaciones, las visitas de los múltiples viajantes que con el tiempo se convertían en amigos y los años dorados de la década de los 80 en la que los autobuses de la feria paraban justo delante del local.

Hoy todo es distinto y funciona a golpe de clic, incluido el comercio y las plataformas telemáticas, que «te ofrecen de todo con darle a un simple botón». Desde que colgó el cartel de liquidación, explica, «entra mucha gente a preguntar». En estos meses, dice, «trataré de hacer las mayores rebajas posibles y tener los mejores precios que pueda».

Carlos nació en Santiago de Compostela, estudió en la Escuela de Artes de Compostela primero y luego en la de A Coruña, a donde se trasladaría la familia. Delineante y decorador, conoció a su mujer cuenta estudiaba Magisterio «en la Normal, que estaba en la Praza do Obradoiro, a 50 metros de A Raíña, donde nací yo».

En Lalín, comenta, «llevo ya 47 años». Su mujer, maestra de profesión, tuvo una guardería durante algo más de 20 años y en el 97 cogió las riendas del comercio. Cuando se retiró y se quedó al cuidado de su madre, en el 2014, su marido tomó el testigo al frente del bazar. Carlos Vázquez ejerció como decorador mucho tiempo. Con la vista puesta en la jubilación, explica que «tenemos una finca cerquita y a los dos nos gusta mucho la huerta y seguro que pasaremos mucho tiempo allí».

«Tengo también montado mi estudio, hice pintura y escultura y espero no aburrirme», añade. Con el cierre del Bazar Torres se irá uno de los últimos establecimientos de este tipo en la capital dezana. «Creo que en Lalín ya solo quedábamos casi nosotros y los de Mato», comenta con nostalgia.

Desde 1954

Torres abrió hace 69 años como ultramarinos y bar. Sigue en el número 4 de Matemático Rodríguez como bazar.