En espera de un espaldarazo institucional su estudio en Botos rezuma nostalgia y creatividad
06 jun 2021 . Actualizado a las 05:00 h.Entre un grupo de artistas arrellanados en el malecón de O Barco de Valdeorras sobresalía por su altura, por cierta timidez en su limpia mirada. Sorprendía ese sosiego aparente de su persona con la proyección de fuerza que destilaba el tronco asaeteado a golpe de motosierra para convertirse en una escultura llena de fuerza, de expresividad. Una pieza que Antonio Taboada Ferradás (Lalín, 1962-2006) donaba a ese Concello ourensano como el resto de los becados en 1995 en Valdearte, una residencia temporal para dejar volar la imaginación creativa entre la naturaleza y lo urbano con claras similitudes a la Xuntanza que en Piloño promovió Paco Lareo, quien por cierto coincidía con el artista de Botos en tierras valdeorresas.
Hace más de cinco lustros conocí en O Barco al artista de los mil nombres -Willy, Wily, Wili o Guilly- y con quien, causalidades de la vida, volví a coincidir ya en Lalín. Su obra me impactó en su día, como su trágica muerte de la que se cumplirán quince años la próxima semana. Excusa para rememorar una vida corta pero plena, con una obra coherente y personal que aún busca encontrar su lugar en ese panorama, el del arte, tan intangible como voluble, donde la más de las veces la mercadotecnia se impone. Y Willy, así prefiero llamarlo, estaba al margen de ese mercadeo, en busca de su verdad en esa pequeña carballeira de Botos donde su luz creadora sigue encendida, en un abigarrado estudio que deslumbra.
Sobre la hierba recién cortada se atisban algunas piezas en piedra o amalgamas de cachivaches metálicos. El frontal del estudio, convertido en un puzle donde buscar figuras antropomorfas, soles o flores, ya ofrece el primer aviso. Después de traspasar la puerta comienzan los fogonazos a diestro y siniestro. Estallidos de colores primarios sobre letras en equilibrio. «Mira ese bocadillo de chatarra», comenta Misha Bies Golas, creador como Willy que junto a su hermano, Ángel Calvo Ulloa, comisario y crítico de arte, están involucrados desde hace años en reivindicar como un acto de justicia al escultor, pintor, músico, escritor,... de Botos.
Sobre un ataúd multicolor luce un Cristo encontrado en Malasaña por Ángel tras desaparecer el original. De repente, Cruz Taboada recuerda el hallazgo de uno de bronce pero de mayor formato. ¿Sería el primigenio? No parecen coincidir los puntos donde estaba clavado. Un misterio, como algunos de los mensajes tallados en la madera. En troncos convertidos en seres inquietantes pero a la vez llenos de una ternura salvaje. Trabajos a golpe de motosierra, aunque no faltan otros de sus primeras etapas donde utilizaba las gubias para tallar o, en sus años finales, cuando labraba sobre planchas de madera para después pintar por encima, copiando dibujos de revistas que calcaba.
Plásticos y estructuras metálicas conforman otras piezas surgidas de su estancia becado en Florencia, donde estuvo más de un año. Nueva York, París, Portugal o Alemania fueron lugares que visitó, absorbiendo vivencias que trasladar a sus trabajos. Un estudio en un cuidado desorden, casi como lo dejó Willy en junio del 2006. Dibujos por aquí, esculturas por allá, cuadros en la pared -hizo muy pocos- o relieves apoyados sobre el suelo. Y sobre esa constelación una segunda planta donde también pasaba tiempo, incluso alguna vez dormía en busca de la visita de las musas.
Del olvido de las Administraciones al esfuerzo por divulgar su obra
Relacionar premios y exposiciones individuales suele resultar tedioso. Pero sepan que en ambos apartados la lista resultaría extensa. Un creador paradigmático de su generación, pero sin un reconocimiento, solapados quizás por la estela de otras anteriores como Atlántica. Y la fortuna tampoco sonríe a quienes buscan preservar su legado. El sueño de transformar su estudio en museo y foco de dinamización cultural parece dilatarse en el tiempo. Desde las instituciones llegaron en varias ocasiones buenas palabras pero no inyección económica por ejemplo para restaurar sus obras, una titánica tarea en manos de familiares y amigos.
Entre esas personas dispuestas a reivindicar la figura y obra de Willy destaca Ángel Calvo Ulloa. Paseando entre sus esculturas, recuerda una primera exposición en el espacio FAC Peregrino Furancho de Arte Contemporáneo de Santiago en el 2013 o Frágil en Madrid en el 2015. Un año después llegaría Unha técnica salvaxe en el museo Aller de Lalín, con una publicación complementaria, para viajar en el 2017 hasta Oporto con Unha certa falta de coherencia. Ya este mismo año se editó un disco, en esa faceta musical menos conocida.
Ahora busca junto a su hermano evitar ese vínculo más afectivo y personal para transportarle a otro contexto más universal, para reescribir su historia. Esa que envuelve las paredes del estudio, donde dos artistas llegadas de tierras de catalanas con quienes degusté a borbotones la coherencia personal y creativa de Willy se pasmaban de que ese legado siga demasiado oculto. Su luminosidad y verdad merecen más. Y porqué no, también promover estancias temporales para creadores, que de eso también se habló.
La fuerza de la obra de Willy sigue viva con piezas repartidas en colegios y locales
Tres lustros después el legado de Willy sigue vivo en su tierra natal, con ese reto en marcha de sacarlo de ese entorno plácido y conocido, explosionar así ese ostracismo que le rodea, junto a toda una generación de artistas posteriores a grupos sí magnificados como Atlántica. Un camino recién iniciado para contextualizar su creatividad inmensa, como una voz clave de su período en Galicia y con reminiscencias también internacionales. En espera de ese reconocimiento incipiente, con exposiciones en Santiago, Madrid, Lalín u Oporto, sus obras las podemos encontrar en el bar de la esquina, en una oficina, en la sede de una empresa... o en numerosos colegios de Deza.
Acercar sus esculturas a los escolares figuró desde un principio entre los objetivos de la Asociación de Amigos da Obra de Willy, que nacía hace casi nueve años para canalizar acciones en distintos sentidos, desde la restauración de sus piezas, afectadas por la humedad o los xilófagos y la pérdida de policromía, a la divulgación de su taller y a recuperar la parte más inmaterial, desde escritos a fotografías o grabaciones musicales.
Esa ingente labor que antes estuvo en manos de la familia sigue liderada por la hermana de Willy. Cruz Taboada preside un colectivo con una tarea repleta de alegrías y sinsabores. El esfuerzo redoblado desde el 2012 permitió restaurar la mayoría de las esculturas de pequeño formato a través del taller Renovatio S. L. de Vigo. Piezas ahora dispersas en diversos espacios y en centros educativos desde el 2014, floreciendo día a día para recordarnos la belleza salvaje, la fuerza expresiva de la madera trabajada a dentelladas de motosierra.
Cruz Taboada resalta que ahora buscan financiación para ir restaurando las piezas más monumentales, que apenas se movieron del sitio donde las emplazó el propio artista en su estudio de Botos. En este caso su traslado se complica, por lo que la principal opción manejada pasa por actuar sobre las esculturas entre esas cuatro paredes. La carcoma, las arañas, la humedad,... trabajan en silencio y sin pausa obligando a tratamientos constantes, aunque la afección resulta desigual. Casi todas se guardan en su estado natural, incluso con las cuñas colocadas para estabilizar las casi siempre inestables obras.
Reconoce el mucho trabajo por delante, con más de una treintena pendientes de restaurar, agradecida por el apoyo que la familia está recibiendo de la directiva de la asociación o de los hermanos Calvo Ulloa. Gigantes de varios metros de altura que siempre le acompañaron, porque a Willy no le gustaba vender esa obra. Prefería lograr su sustento con pequeños formatos, bocetos, dibujos,... de los que le resultaba un poco más fácil desprenderse.
Su creatividad vibra en esa avestruz gigante que podemos encontrar en el Espazo Xove de Lalín o la escultura en piedra, material en el que no se prodigaba, en el paseo marítimo de O Grove. O esa simbólica pieza en una rotonda lalinense, réplica en bronce de una de sus maderas, su material predilecto. Willy está ahí, siempre. No debemos olvidarlo.