Carlos Jesús Sánchez: «En Madrid nos está llegando gente que perdió el trabajo y pide ayuda»
LALÍN
Este diácono junto con el lalinense Alejandro Asorey iban a ser ordenados sacerdotes el 3 de mayo en la catedral
08 abr 2020 . Actualizado a las 05:00 h.Carlos Jesús Sánchez fue ordenado diácono en la iglesia de As Dores de Lalín el 12 de mayo del año pasado junto con el lalinense Alejandro Asorey, de Donramiro. Los dos iban a ser ordenados sacerdotes en la catedral de Lugo el 3 de mayo. Se lo comunicaron, cuenta Carlos Jesús, pocos días antes de que se decretara el estado de alarma y ahora todo esta en el aire, aunque supone que se aplazará dadas las circunstancias.
Carlos Jesús es de Lugo, está estudiando en la Universidad de San Dámaso en Madrid y reside en la parroquia de Aravaca, donde colabora. Los voluntarios, coordinados por los párrocos, continúan atendiendo a las familias. Este diácono ocupa una de las viviendas en el complejo parroquial de Aravaca. Además de participar en la vida parroquial se suma a las tareas que desempeñan. El coronavirus ha obligado a Cáritas a reinventarse para atender las necesidades. Carlos Jesús explica que «antes atendíamos a 120 familias pero ahora está llegando también gente nueva a pedir ayuda, personas que se quedaron sin trabajo a causa de un ERTE». Aunque Aravaca está considerada una de las zonas ricas de Madrid, dice, «eso hace que los alquileres sean también mucho más altos». Sabe de quien está pagando 400 euros por una habitación.
Para hacer frente a esas necesidades, comenta, «buscamos donaciones y patrocinios; antes hacíamos un reparto de comida al mes y ahora lo estamos haciendo cada quince días». Cáritas cuenta en la parroquia, señala, «con un equipo grandísimo pero con la actual situación unos tienen miedo a salir y otros están enfermos». Eso hace que el equipo se limite a los mínimos.
Desde la parroquia, cuenta, están pendientes de la gente, de si necesita algo. «Hay gente que nos llama y nos pide que vayamos a sellarle unas recetas, que le recojamos unas medicinas o la compra», comenta. Una labor que se suma a la sacerdotal como es la dispensa de sacramentos, especialmente la unción de enfermos.
Las misas, indica, «las seguimos celebrando en privado para pedir por todos» y las iglesias «siguen abiertas por si alguien quiere entrar a rezar». El teléfono y el WhatsApp sustituyen el cara a cara y sirven como vehículo de comunicación para dar ánimo, consuelo y esperanza a los parroquianos.
Explica que «si que notamos que hay miedo y preocupación en la gente» que ve todos los días las cifras de la pandemia. En su caso, asegura, «yo no tengo miedo, dentro de lo extraordinario que está siendo esto». A medida que posan los días, señala, «nos van llegando noticias de gente que se murió o que enfermó». Por lo que más se sufre, dice, «es por no poder acompañar a los que ingresan en un hospital y que se mueren solos. Después los llevan a incinerar a otros sitios y «hay a quien le mandaron a un familia a Jaén o a Huelva a un crematorio». No poder despedirse y pasar el duelo es lo que más duele. A diario conocen casos. «El cura que antes estaba aquí y que vive ahora al lado de la paroquia tiene 80 años y su hermana empezó con un dolor de tripa y se murió de una obstrucción intensinal. Fue una víctima colateral. Tenía miedo de ir al hospital y cuando llegó era demasiado tarde. Y esa gente que fallece como ella no sale en las estadísticas». La parte positiva son las muestras de solidaridad que reciben a diario y las llamadas de gente con gestos como ofrecerse a hacer comida en casa para más gente. Destaca que en el grupo de jóvenes de la parroquia y de catequistas muchos se ofrecen a llevar alimentos y a echar una mano en lo que sea necesario. Carlos Jesús tenía previsto irse a Lugo en Semana Santa. Primero optó por quedarse por responsabilidad y por que no quería tener sobre su conciencia, afirma, poder contagiar a alguien. Ahora ya se quedó atrapado.
«La calle es una fiesta y tocamos las campanas»
A las 20.00 la calle, dice, «se convierte en una fiesta». Ellos salen a aplaudir junto con los vecinos de las viviendas de enfrente que «aplauden unos, contestan los otros, ponen música y nosotros nos unimos tocando las campanas de la iglesia».