La niña que soñaba con un micro de diadema

De pequeña cantó en bodas, con 14 años emuló a la Mía de «Rebelde» y con 22 triunfa como «recanteira»


a estrada / la voz

A Cristina Cimadevila la necesidad de cantar le viene desde la cuna. Apenas balbuceaba y ya estaba intentando tararear canciones. En su casa no se explican de donde sacó ese genio. Nadie en la familia canta ni toca y tampoco es una casa en la que la música esté muy presente. Sin embargo, cada vez que en la tele salía un artista o que en la radio se escuchaba una pieza, a Cristina le entraban unas ganas enormes de cantar.

Por eso acabaron regalándole dos karaokes. Uno detrás de otro. El primero fue un regalo de sus padres, José y María Esther, que ya veían que la niña apuntaba maneras. Era un aparato de casete en el que Cristina ensayaba sin descanso rancheras y pasodobles de los de siempre. Sobra decir la cantidad de aplausos que cosechó en las actuaciones domésticas.

En el álbum familiar de los Cimadevila Bernárdez hay más de una foto de Cristina cantando cuando apenas había soplado cuatro velas. «Cando non tiña micro collía calquera cousa que tivera a man e ía cantando pola eira», cuenta la artista. «Teño cantado moito co pau dunha escoba. Ou cun carozo na man», explica. A veces, Cristina se ponía exigente e imaginaba que tenía un micro de diadema. «Collía unhas herbas que hai que a min se me parecen aos micros de diadema, colocábao na orella e ía toda chea cantando polos prados», comenta.

El segundo karaoke que tuvo Cristina fue un regalo de su abuela Saladina. Poco le duró el invento. La pequeña había visto en la tele a sus artistas de cabecera con micros inalámbricos. Y le pareció que su juguete iba a lucir más sin cable. Lo cortó de cuajo. Se quedó con un micro de última generación completamente inútil. Pero eso no es inconveniente para quien a golpe de fantasía convierte las banquetas en plató y los palos de escoba en micrófonos.

Cristina fantaseaba todo el día con subirse a un escenario. «Marchabas cantando no bus para o colexio e volvías cantando», le recuerda su madre. En clase, a veces tampoco era capaz de contener su impulso. «Eu estudei no cole do Foxo. En Primaria, Doña Balbina tenme mandado calar algunha vez. Empezaba a cantar sen darme conta», confiesa.

La estradense tocó la gaita y la pandereta en el grupo Abrente de O Foxo y se inició también en piano, aunque enseguida dio el giro al acordeón, de la mano de Gonzalo González, del grupo Os Lóstregos. «Dóuseme ben e enganchoume máis ca o piano», cuenta.

Pero aún así, lo suyo es el canto. «Cando estaba na ESO chegaba á casa e poñíame a ver a telenovela. Eu e máis a miña veciña Laura xogabamos a ser Mía de Rebelde. De aí sacaba moitas cancións», cuenta. Fue por esa época también cuando Cristina inició sus clases de interpretación, con el maestro Mario Cabuche, en la escuela de estudios musicales Allegro. Él le enseñó a pulir un poco lo que a ella le salía de dentro.

Y fue precisamente con una canción de telenovela, Por amarte así, con la que Cristina Cimadevila dejó de ser la jovencita de Orazo que cantaba de niña en las bodas y se hizo una artista mediática. El programa Bamboleo de la TVG le dio en el 2015 unos minutos de gloria que fueron el inicio de su carrera. Ese mismo año Cristina se lanzó a los escenarios con el trío musical Amanecer, con el que desde entonces no ha dejado de actuar en fiestas y celebraciones de toda Galicia. Desde verbenas a cumpleaños.

Este año, la televisión autonómica le ha abierto una nueva puerta. Esta vez a través del incombustible Luar. «Cando tiña 12 anos xa escribira un correo para mandarlle ó Luar para participar no concurso Recantos, pero ó final boteime atrás», explica. Este año ha decidido saldar aquella cuenta pendiente. Y le ha salido bien. «Apunteime ó casting e colléronme», recuerda satisfecha. Desde entonces lo da todo como «recanteira». El concurso arrancó con veinte participantes. De momento, la estradense ha conseguido quedarse entre los ocho que se disputan el puesto de semifinalistas. Volverá a actuar el 18 de mayo y el 15 de junio. La cosa está dura, pero Cristina confía en conseguir uno de los cuatro puestos que dependen de los votos del jurado, del público y de los propios compañeros.

La final del concurso será el 20 de julio y le dará al ganador 5.000 euros. «Menos o que leva Facenda», aclara Cristina. Para el segundo clasificado serán 2.000 euros.

El efecto fan

De todas formas, el premio en metálico no es el único caramelo. Importa casi tanto la fama que los concursantes van ganando programa a programa. Y en eso, Cristina ya tiene mucho camino ganado. «O outro día baixei do coche na Estrada e unha muller agarroume por un brazo e preguntoume se era eu a recanteira do Luar», explica. «E no hospital oín a dous comentando se eu era ou non era Cristina Cimadevila. Non se atrevían a preguntarmo, así que fun eu onda eles e presenteime», cuenta. «Sorpréndeme, pero non me molesta para nada que a xente me veña falar. Todo o contrario», cuenta.

Cristina ha estudiado el ciclo superior de Xestión de ventas e espazos comerciales y hace prácticas en la empresa Taboada e Ramos, en Lalín. Está buscándose la vida por si al final la canción no le da de comer. Pero su auténtico sueño es grabar un disco en solitario o ser cantante de orquesta. «Botarlle horas non me da medo. Xa estou entrenada», cuenta.

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