Paz social en la feria más concurrida

i. u. p. / O. P. LALÍN / LA VOZ

LALÍN

miguel souto

La primera feria del mes de agosto se cerró con altas ventas, además de con una afluencia mayor que en julio

04 ago 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

El Campo da Feria de Lalín se derramaba ayer entre olores de diversos colores de alegres flores y suaves texturas de las más variopintas telas y calzados. La feria se asentó sobre su epicentro habitual, extendiéndose además por la rúa Rosalía de Castro. Los mercaderes expusieron a la venta todo tipo de productos, acompañados de sus sonrisas, pues el día fue soleado y de temperaturas agradables, algo que animaba a pensar que las ventas serían las mejores compañeras de la jornada. Lo corroboraba José Manuel Méndez: «Para mí y para los puestos que estuve yo por ahí, sí, mejor que en julio».

La música la pusieron algunos acentos, que integraban tanto al gallego, como al vasco o al murciano; muchos de sus hablantes se encontraban de vacaciones o de visita. Los posibles clientes se arremolinaban a lo largo de diferentes puestos y la afluencia era tal, que en algunos puntos resultaba complicado avanzar caminando. Los rostros de los padres con carritos de niño parecían ser los menos felices del lugar.

El sentir general de los vendedores fue unánime: confiaban en que no haber cambiado el enclave del mercado era sinónimo de éxito. Algunos como Méndez comentaban que «la gente estaba a favor de que la feria siguiera en su sitio, y nada. Tú sabes que la gente es muy de todos los días. Quieren que todo esté igual, así que todo bien y la gente contentísima por estar allí».

Para aquellos que vendían algún producto comestible, la confianza la depositaban en horas más avanzadas que rebasaran las 13.00 de la tarde, pues es cuando los estómagos comienzan a reclamar su parte convenida. En el caso de las ventas de productos como ropa, calzado, telas o jardinería ya se podía ver alguna mejora en comparación con otros días.

Pero los vendedores de los diferentes puestos no son los únicos afectados por la afluencia y las ventas. Las terrazas y sus bares estaban en un constante fluir de gente. El dueño de la taberna Rúa, Juan Ramón López, dijo que no era posible asegurar los incrementos, pero que «se nota que están llegando antes» los clientes para comer, algo que auguraba una buena noticia. Para López, la feria «no se podía ir de aquí, no sé cómo». Pues el hostelero aclaró que «en todos los sitios de Galicia hay un Campo da Feria y el de aquí es aquí».

Sobre la feria de Lalín, el historiador Antonio Vidal escribió hace unos años que, en 1925, el Kilómetro Cero de Galicia «era un villorrio estático y adormecido a la sombra de su viaje Torre-Fortaleza, pero con la apertura de las nuevas vías de comunicación, se convirtió, en un excelente punto para el comercio, debido a las renombradas ferias de los días 3 y 18 de cada mes y a la famosa feria do Vento». Tras el paso de las décadas la feria sigue siendo eso: la vida de una ciudad, un gran punto para el comercio que se mantiene a lo largo del tiempo. Y que no varía de ubicación, por el momento.