Una feria con el corazón partido

Rocío Perez Ramos
Rocío Ramos LALÍN / LA VOZ

LALÍN

El viento jugó alguna mala pasada a los toldos y la mercancía
El viento jugó alguna mala pasada a los toldos y la mercancía .< / span>

La división por un día no gustó, pero sí la comodidad del espacio en los aledaños del consistorio

04 feb 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

La de ayer en Lalín fue una feria atípica con un cambio de ubicación por un día obligado por la permanencia en la praza da Feira Vella de la carpa Mahou, que lucía vallada y protegida de la entrada de intrusos. Los puestos se trasladaron a la rúa Habana y rodearon el consistorio llegando hasta el arranque de la rúa Caracas y bajaron desde Rosalía de Castro por el último tramo de La Molinera. El recorte de zonas de estacionamiento se palió con un leira park que ocupaba las inmediaciones del juzgado. La falta de lluvia también fue una ventaja.

A los ambulantes eso de la feria partida por un día no les gustó. En Rosalía de Castro siguieron los de las plantas y árboles, la fruta, la verdura, los pulpeiros y los churreros y los de otras mercancías perecederas y abajo se instalaron los puestos de ropa, calzado y demás complementos.

Los de arriba echaban de menos a los de abajo y los del consistorio a sus compañeros. «A feira partida non é boa para ninguén», apuntó más de uno. Los de Rosalía de Castro comentaban que «pasamos toda a mañá dicíndolle a xente onde estaban os postos». Una labor de la que se encargaron también con mucha diligencia la Policía Local.

Una morriña que también tenían los vendedores de la Praza de Abastos que notaron ayer menor afluencia de público al no contar con los puestos y apuntaban que «moita xente cruzaba por aquí e hoxe xa non entraron».

En la rúa Habana, la mayoría de los ambulantes aseguraba que «xente aínda houbo», pero se quejaban de que «no campo da feira os clientes saben onde estamos cada un e aquí non nos atopan». Era alguna de las frases más repetidas. Había quien añadía aquello de que «menos mal que é solo un día» y quien vería con buenos ojos un cambio definitivo.

Había un punto a favor unánime. Los feriantes valoraban especialmente la comodidad de cargar y descargar disponiendo de mayor espacio. Un espacio que les permitía dejar las furgonetas detrás del puesto y no tener que sacarlas de la feria, poder irse antes y no tener que esperar a que salieran unos y otros.

Lo malo, que apuntaban otros fue, decían, la organización. Y es que al ser un cambio solo por un día, los feriantes se fueron colocando a medida que llegaron. A los que acudieron más tarde les tocó la parte más cercana al Lalín Arena.

El problema fue, criticaba alguno, es que hubo quien se aprovechó de la situación y se acercó a montar el puesto en Lalín por primera vez. Un supuesto intrusismo que no gustó mucho a los que disponen de puesto fijo todo el año y pagan por instalarse.

Viento en O Regueiriño en una jornada de escasas ventas

Con la Feira do Cocido tan próxima, la de ayer para los ambulantes fue una jornada de escasas ventas. Apuntaban que «xente aínda houbo, pero con pouca carteira». En el único bar de la rúa Habana, que estuvo lleno, estaban encantados. Fuera, los vendedores luchaban a ratos con el viento que volaba los toldos y, en un puesto, hasta los sujetadores.

Con las bufandas enrolladas al cuello, los ambulantes dejaban constancia de «o frío que é esto é o aireado que é esta zona». Una señalaba que «un día de auga eu aquí xa non montaba, que non se pararía». En cambio, sí reconocían que «vense mellor os postos e temos máis sitio para todo». De hecho hay quien aseguraba que alguno estiró su puesto más de la cuenta. A los de los puestos de La Molinera tampoco les fue muy bien y eso que estaban en medio.

Entre los que no quisieron perderse la feria estuvo Daniel González Alén, cronista de Lalín, que aprovechó para inmortalizar la insólita estampa de los puestos rodeando el concello lalinense.