Los gigantes del cocido lalinense

Rocío Perez Ramos
Rocío Ramos LALÍN / LA VOZ

LALÍN

Juan Rodríguez Vence, que lleva 23 años en Mato, donde se puede encontrar casi de todo.
Juan Rodríguez Vence, que lleva 23 años en Mato, donde se puede encontrar casi de todo. M. Souto< / span>

Los profesionales del sector surten de todo el menaje para un plato que se cocina en enormes cantidades

27 ene 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

En las ferreterías más veteranas de Lalín se guarda el secreto de algunos de los elementos que hacen posible el cocido. Estos días, como cada año, sus escaparates se llenan de todo lo indispensable. Elementos en muchos casos fabricados por pequeñas empresas cada vez más difíciles de encontrar. Son objetos de menaje que no se ven en grandes superficies y que no se usan a diario, más que nada por cuestión de tamaño, pero que en Lalín donde los cocidos son multitudinarios, se convierten en necesarios.

Hablamos de ollas donde cabe un niño y que a uno le recuerdan a aquel caldero de la propietaria de La casita de chocolate. Coladores utilizados para escurrir los grelos que parecen canastas de baloncesto y espumaderas del mismo tamaño. Queimadas de barro para más de dieciocho litros de aguardiente y bandejas capaces de alojar cómodamente alguno de los ingredientes de un pantagruélico cocido. Moldes de flores, de cañas, de roscones, esencias de anís, sartenes filloeiras para cocinas de inducción o las antiguas de hierro fundido para poner sobre las cocinas de leña. Son algunos de los elementos esenciales para la fiesta de cocido y de lo que saben mucho en las ferreterías y bazares de Lalín.

La experiencia les avala. José Ángel Mato es el propietario de Mato, en la rúa Colón, un establecimiento que abrió su padre en 1945 y que recuerda aquellos años en los que se surtía a toda la comarca «facíamos aquí a lexía e nas feiras viñan 40 ó 50 con latas de gas, que había que encher a mán... e empaquetar todo, porque todo era a granel». Carlos Fernández Castro aprendió a andar en la ferretería de su padre, abierta en Joaquín Loriga en 1950. Él ya lleva 48 años al frente del negocio que mantiene el espíritu de las viejas ferreterías de antaño. Cincuenta años suma José María Alonso Santórum al frente de un establecimiento que abrió su padre en el 58.

Todos coinciden en que en tema de ollas triunfan las de acero inoxidable, de mayor calidad, aunque más caras que las de aluminio, casi en desuso y de las de porcelana, que aún así siguen teniendo su público por precio.

Chequeo a las ferreterías veteranas

Filloeiros de fundición y el sabor de siempre

En las ferreterías se pueden encontrar filloeiros de fundición como este que se colocan sobre las cocinas de leña, presentes aún en todas las casas de aldea. De ellas salen las filloas que guardan el sabor de antaño. En la ferretería Alonso, Cristina comenta que las sartenes son lo que más se venden junto con todo tipo de moldes para postres de entroido. Apunta que «a xente lle gusta máis o de hojalata ou aluminio «como os de toda a vida» y aún son muchos los que no se rinden a la comodidad de los antiadherentes. En ollas las que más se venden son de 40, 45 y 50 centímetros de diámetro, aunque las hay más grandes. foto M. Souto