Dos años después el inmueble sigue cerrado y sin uso mientras avanza su deterioro
09 dic 2015 . Actualizado a las 05:00 h.Una lona gigantesca cubre estos días la entrada al Cine Lalín. La campaña de empadronamiento lanzada por el Concello para salvar la cuota de los 20.000 habitantes estrena la conversión de ese espacio en panel publicitario. Así lo confirman sendos carteles colocados por el gobierno para desanimar a quienes solían convertir la fachada del edificio en collage de todo tipo de anuncios. Conviven con otro, recuerdo y realidad de la decisión adoptara por la Fundación Galicia Obra Social -o Fundación Abanca- de alquilar o vender el inmueble. Acaban de cumplirse ya dos años sin ningún particular, empresa, asociación o institución pública dispuesta a acordar cualquiera de esas dos fórmulas que permitirían parar el declive de un elemento arquitectónico singular de la capital dezana.
Dos años después también quedó en mera declaración de intenciones -formulada a principios del 2014 por el Concello- la protección urbanística de forma específica para ese edificio, al menos su fachada, un ejemplo significativo del estilo racionalista. Aunque el Plan Xeral de Ordenación Municipal establecía que se trata de un inmueble a proteger, todavía no llegó la medida. En el hipotético caso de una compra del antiguo cine incluso podría producirse la demolición o alteración de esos elementos arquitectónicos.
Los trabajos de mantenimiento en el edificio tampoco tuvieron continuidad en el tiempo, realizados de forma puntual y sobre todo para evitar más filtraciones de agua desde la cubierta al interior. Parcheos en espera de un alquiler o venta cuyas opciones de materializarse siguen lejanas. En dos años no se logró fraguar ninguna iniciativa pública o privada en ese sentido, a pesar de que la Fundación Abanca en su día habló de un precio asequible en cuanto a alquiler, sobre todo en caso de tratarse para un fin social el futuro uso del edificio. Un inmueble adquirido en el 2008 por Caixa Galicia para habilitarlo como centro social y cultural, junto con la contigua Casa Balado -el cine también llevó ese nombre antes de su último «bautizo» en la etapa final previa al cierre-, para después paralizarse el proceso por la crisis y la posterior fusión de las cajas, acabando como patrimonio de la citada fundación.
¿El precio? Hace dos años puso en venta el cine por 505.328 euros, cantidad calificada en su momento de inamovible por tratarse del precio de tasación del inmueble. Entonces no se desveló el precio de venta de la Casa Balado, en manos de Abanca, que tampoco encuentra comprador.
Memoria viva
La memoria viva de cualquier villa se asienta sobre cimientos. Las personas pasan, a pesar del recuerdo, los edificios no. Si conseguimos evitar su desaparición. Si late el sentimiento suficiente de amor por el patrimonio arquitectónico. El viejo cine pertenece a esa memoria viva de Lalín. Evitemos su olvido y que desaparezca como el mural de Laxeiro oculto tras sus paredes.
Gestiones sin plazos marcados para lograr un destino público del edificio
Al ponerse hace dos años el cartel de venta o alquiler, surgieron algunos contactos para evaluar la posible reapertura como cine -una opción barajada pero descartada por el colectivo Dzine- o para un abanico más amplio de actividades en el ámbito cultural. Pero ninguna fraguó. Tampoco el gobierno local del PP consideró entonces la posibilidad de adquirir el edificio de dos plantas diseño del arquitecto Emilio Quiroga Losada. Argumentaron el precio -considerado elevado en plena crisis económica- así como el amplio patrimonio municipal y la existencia de otras prioridades.
El actual gobierno de integración asegura su intención de recuperar el inmueble para uso público. Para ello sería necesario negociar con la Fundación Galicia Obra Social. Pero no hay plazos marcados en ese objetivo, aunque se insiste en que no permitirán el abandono definitivo del cine. Se buscará ese acuerdo, aunque seguro será más difícil que con la cesión gratuita del uso de la fachada. Porque en principio habrá coste económico.