De esta fuente de atractivo diseño y especial sonoridad del agua, se hicieron cuidadas reproducciones por los artistas Vidal Payo y Félix Gil embelleciendo los pazos de Val y Siador, en Lalín y Silleda. La condesa de Pardo Bazán en sus «Apuntes biográficos» al tratar de la sinfonía del agua de la fuente en las noches serenas de Meirás -fácilmente trasladables a Liñares en sus momentos de esplendor- cuando el aire se sosiega y cesan los ruidos del campo dice que es «?melódico, dulce y alternativo, como si cayese del cielo en un tazón de cristal?».
Consideramos que la fuente del jardín de Liñares es un elemento singular, en el que subyace un notable conocimiento estético de la arquitectura del agua, muy en sintonía con el conjunto monumental al que pertenece. La interpretación de su lectura creemos que está en el contexto del marco temporal de su construcción, en que Liñares va dejando de ser una vieja mansión campestre e inicia la andadura que le llevaría por la senda del refinamiento a convertirse en palacio señorial de recreo. Momento en que se establece el cambio del lugar relevante de la huerta, al ser ocupado por el jardín.
En este caso, además de una simple fuente, es especialmente el testimonio de un importante cambio. Durante las obras de rehabilitación del entorno fue desprovista del timbre de antigüedad que solo sabe dar la noble pátina del tiempo, que la condesa de Pardo Bazán elogió con vehemencia.
A la fuente del corral se conocía por otro nombre, la del pozo del patio. Se halla en la parte posterior del pazo, unida frontalmente al lavadero. Es de planta rectangular en sillería proveniente de la antigua propiedad de los Taboada en Moldes. Aparece nombrada como pozo donde se maceraba el lino. De la abundancia de lino -que daría nombre al lugar de Liñares- existen datos (1885) de «arrancada de lino-maza-batán» y concernientes a «tejer estopa-estopa fina- tascos- estopina y lino fino».