El buen ambiente y el erotismo de los espectáculos se dieron cita el jueves por la noche en Cartelos (Carballedo). Tras la polémica generada alrededor de esta celebración, la noche discurrió con normalidad, aunque entre un verdadero montaje teatral cargado de connotaciones eróticas. Desde el escenario, los gogós o los camareros, todo era puro espectáculo y un regalo para la vista. Sobre las doce y cuarto se subía el telón de la discoteca móvil, la Space Music, mientras los dos strippers, Patricia Valente y César Mosquera, se perdían entre el público para sacarse fotos con aquellos que lo desearan y también para vender las rifas de los sorteos. Sobre el escenario, un pinchadiscos, cuatro gogós, dos barras y un bailarín más que hacía las veces de portavoz y animador del espectáculo. Bajo la carpa, unas mil personas se fueron juntando a medida que avanzaba la noche y, detrás de la barra del bar Trasar, unas camareras ataviadas con ropas provocativas que dejaban ver más de lo que insinuaban servían copas y refrescos sin parar.
Así que el ambiente entre el público era de mucha alegría y excitación. Para combatir el frío, nada mejor que unos bailes. Y sino que se lo digan a un grupo de amigos que llegaron a la fiesta cargados de energía desde Lalín, Rodeiro y Silleda. Entre todos, juntaron más de cuarenta rifas para el sorteo. «Ten que tocarnos», decían. Los chicos lo tenían claro: «Eu voume coa stripper se me toca o premio, iso non se pregunta», comentaba uno. Entre las chicas ya no estaba tan claro: «Eu buscaría outro acompañante», explicaba una de ellas.
Tras cerca de cuatro horas de fiesta, en la que se mezclaba la música más actual con los temas que nunca faltan en una buena verbena, llegó el estriptís. Mientras, muchos de los asistentes se sumaron a la fiesta de la espuma. Terminó la celebración sobre las seis de la madrugada, con buen sabor de boca para todos. Sin embargo, el organizador, José Manuel Vázquez, lamentó que no hubiera más gente: «Este es el año con menos asistentes».