CON ACENTO
30 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.LAS PALABRAS de los políticos están devaluadas. Desgraciadamente, sufren una depreciación constante, universal e imparable. Cuando parece que están en su nivel más bajo, todavía hay margen para un descenso más. A la gente le interesan cada vez menos las palabras de los políticos, y sólo creen lo que dicen cuando los hechos van parejos. Plenos como el de Lalín aparecen, mes tras mes, vacíos de público. A los lalinenses no les interesan las perlas que sueltan en las sesiones los representantes municipales. Es falta de costumbre: si acudiesen al pleno y oyesen las descalificaciones, los insultos y los rifirrafes entre concejales, es posible que crease afición. Sabiendo, eso sí, que la realidad del municipio no se refleja necesariamente en lo que allí se dice, que suele ser antagónico y demagógico. Con tantas perspectivas como candidaturas.