Recorrieron los alcaldes de Chantada, Rodeiro y Lalín un nuevo-tradicional camino jacobeo, que cruza el Faro hasta enlazar con la Vía da Prata. Con Santiago pasa como con Roma: todos los caminos gallegos conducen a la tumba del Apóstol. Los alcaldes piensan en las subvenciones del Xacobeo, imaginan las corredoiras llenas de peregrinos que dejan riqueza en sus municipios, y los caminos proliferan como setas en otoño. Eliseo Diéguez confesó al atribulado Ferradás, que no entendía las eses del camino jacobeo cambote, que «cando non hai unha cousa e se cre necesaria, hai que inventala», aunque dijo que no es el caso. No sé yo, pero es cierto que lo importante es que la gente conozca Rodeiro. Después de todo, quizá en Compostela visiten al difunto Prisciliano. Santiago vive de ello hace siglos: habrá que imitar su marketing.