Manuel Fernández, restaurador y carpintero jubilado «Manuel ayudó muchísimo con la restauración de las piezas que nos donaron» es la carta de presentación que Dolores Blanco, encargada del Museo Etnográfico Casa do Patrón de Doade, ofrece de Manuel Fernández. Este artesano tiene 71 años y es vecino de la parroquia. Él mismo donó diversas herramientas de carpintero a la colección del museo, como un gramil y varios cepillos que hoy se encuentran expuestos junto a bancos, tornos, metros de madera, berbiquís y prensas que dejaron de utilizarse hace tiempo.
08 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.En su taller de carpintero, Manuel Fernández todavía conserva algunas de las herramientas que de vez en cuando utiliza cuando algún vecino o en su propia casa se necesita un trabajo o, como en el caso del Museo de Doade, la reparación de los numerosos objetos que llegan a sus manos como una pata nueva para una mesa o la tapa de un arcón que falta. Eso sí, siempre que se pone con esas actividades, es «por capricho, no para ganar dinero, porque no tengo necesidad», advierte. Y es que hoy Manuel se dedica a descansar después de 45 años de trabajo. -¿Por qué se dedicó a la carpintería? -Porque mi padre era carpintero. Él empezó en 1918 como obrero en una carpintería de Lalín. En 1946, con mi hermano, fuimos a trabajar a donde estaba él. Mi abuelo también fue carpintero, aunque era un carpintero basto, de estos de aldea. Pero mi padre fue un carpintero extraordinario, nunca hemos llegado nosotros donde él, y eso que hemos sido buenos también. Él echaba culatas a las escopetas, a los fusiles, hacía maletines para llevar instrumentos de música, trabajaba mucho y hacía cosas de categoría. -¿Cómo era el trabajo en aquel entonces? -En aquellos años no había maquinarias, se hacía todo a base de herramientas de estas -explica al tiempo que señala las que tiene colgadas en su taller--: garlopas, cerrones, trinchas, sierras. Después vinieron las máquinas como hoy en día, se pasa la sierra eléctrica y todo va más rápido. -¿Qué cosas hacía? -Trabajé en todo. Cuando empezamos se trabajaba mucho a mano, hice carros de vacas, yugos, que hoy algún carpintero no lo sabe hacer. Trabajaba en Lalín y después venía para casa a hacer alguna cosita. El primer yugo que hice para mí tiene estrellas grabadas, le di mucho uso con las vacas y después lo doné a la casa social de la parroquia de Doade, que hoy lo tiene de adorno en una pared. Aquí todavía tengo otro hecho a mano en casa. Pero ahora ya estoy jubilado, ahora lo que toca es descansar.