MARÍA HERMIDA TESTIGO DIRECTO Las tormentas y el temporal afectaron a la telefonía y al suministro eléctrico
29 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.l Deza volvió a perder el hilo. Esta vez no se había roto ninguna fibra óptica, ni tampoco era una de las habituales averías de la red eléctrica. En esta ocasión el problema venía del «más allá». El cielo estallaba en rayos y truenos. En Deza las tardes del domingo y el lunes fueron una auténtica tormenta de las gordas. Hasta al más valiente, que asegura gustarle los relámpagos y truenos, le temblaron desde los incisivos hasta las muelas del juicio. Ni con los mejores fuegos de artificio se hubiesen alcanzado semejantes efectos visuales y acústicos. Y claro, después de la tormenta y el aluvión de agua, vinieron las consecuencias. Teléfonos que cuando los descuelgas sale la voz de una amable señorita y te suelta aquello de «el terminal teléfonico marcado no se encuentra operativo en estos momentos». Faxes que en vez de enviar y recibir papiro hacen ruídos extraños y pitidos insoportables. Y ordenadores que sin venir a cuenta y a su libre albedrío dejar de furrular por un tiempo. A las empresas del polígono industrial de Botos les suena la historia. Algunas estuvieron parte del lunes y el martes sin telefonía. Llegaron a quedarse sin teléfono, sin fax e incluso sin sistema informático. Conforme la desesperación por conseguir comunicarse aumentaba empezaron a sucederse las primeras anécdotas. Se veía correr a los administrativos y secretarias de una empresa a otra. No se sabía si les perseguía uno de aquellos rayos o qué les pasaba. Los empresarios del Polígono de Botos estaban ajetreadísimos. Al final se aclaró la situación. En vez de pedir sal o aceite a los vecinos como es costumbre entre compañeros de viviendas, llegaban a las oficinas de sus colegas y pedían faxes. Así, tal y como suena. Más de uno llegó, con mucho secreto, a alguna empresa como Ibercom implorando mandar unos papeles. La sorpresa se la llevaban cuando les decían, «ponte a la cola que estamos todos esperando». Y ala, a sacar número y vigilar que no se te colasen para mandar tus importantísimos documentos que hace dos días tenían que estar en Pernambuco por lo menos. Otros que también sintieron la resaca del temporal fueron los conductores que querían girar en la calle José Antonio de Silleda en dirección Lalín. El semáforo se había estropeado. Y allí de visibilidad nada de nada. A tientas anduvieron los usuarios de dicha intersección que desde que cayeron las tormentas no tuvieron semáforo. Menos mal que ayer por la tarde se arreglaron. Aquello de «girar de oído» lo seguían al pie de la letra. Suministro eléctrico Y encima la luz. Por si pasar un miedo de aúpa, tener que saltar charcos en agosto y quedarse sin teléfono fuese poco, el suministro eléctrico también hacía de las suyas. Aunque la luz no faltó durante muchas horas seguidas, la intermitencia de idas y venidas de electricidad fueron un suplicio. Porque teóricamente que la luz se vaya un minuto de cada diez no es mal mayor. El problema viene cuando tú estás ordeñando a la «paloma» y la tienes que convencer de que no patee que en cuanto vuelva la luz prendes la ordeñadora y acabas enseguida. Tanto el domingo y el lunes múltiples puntos de comarca sufrieron apagones. Si la leyenda se cumple, tendremos nueve días de tormenta. A este paso volveremos a las señales de humo para hablar con los de afuera.