Un cuarto de siglo sin Chano Piñeiro

Francisco Rozados acaba de concluir una biografía del cineasta, criado entre Forcarei y Ponte Caldelas y que se estableció en Vigo para regentar una farmacia


a estrada / la voz

El pasado 21 de marzo se cumplieron 25 años del prematuro fallecimiento de Chano Piñeiro a los 40 años. En el inicio del confinamiento, la fecha pasó notablemente desapercibida, pese a la importancia de la figura de quien estrenó en 1989 su primer largometraje Sempre Xonxa. Francisco Rozados, Rochi, encaraba entonces la recta final de la biografía que subvencionan Dirección Xeral de Política Lingüística y el Festival Internacional de Cine de Ourense (OUFF) y que presentará en septiembre.

Fue una de las ideas para recordar su figura que surgieron hace cinco años en una reunión de amigos del malogrado director en casa de su viuda, Mariluz Montes, con presencia entre otros del crítico de cine Miguel Anxo Fernández, los productores Ángel Viñas y Ángel de la Cruz, o Xosé Luis Rivas Mini, junto con el propio Rozados. En el forcaricense recayó esta tarea, para la que partió de un texto más breve firmado en 2003 en Edicións Fervenza. «Daquela xuntanza saíron outras iniciativas, como solicitar a adicatoria do Día das Letras Galegas a Chano, que malia os múltiples apoios logrados non se acadou, ou a creación dunha fundación, na que aínda se está traballando».

El cineasta cuenta con calles en Vigo, Ourense y Forcarei, cuyo instituto lleva su nombre, al igual que un colegio en Gondomar. Pero Rozados tiene claro que «non ten o recoñecemento que debería. Ata os premios co seu nome desapareceron despois de catro edicións. Se nacera en Euskadi ou Cataluña non o terían como a Colón nun pedestal de 60 metros, pero outra consideración tería». Porque destaca que su trabajo sentó las bases del cine en Galicia: «Inventou profesións onde non había nada. Tiña a teima de crear unha academia do audiovisual, e hoxe hai esas ensinanzas en Vigo e A Coruña. Eu non escribiría esta obra se non o admirase como artista e como persona, especialmente humano e honesto, e que como ten dito Mini quería a Galicia sen parroquias. Chano non se casaba con ninguén, pero tampouco se divorciaba de ninguén», señala Rozados.

Piñeiro, farmacéutico por tradición familiar, se crió en Forcarei, donde su padre regentaba la farmacia, pasando los veranos en Ponte Caldelas. A los 10 años se fue a estudiar como interno al colegio San Narciso de Marín, para cursar luego Farmacia en Santiago. Se estableció al terminar con su esposa en Vigo, cada uno al frente de una farmacia. Llegó a hipotecarla junto a su vivienda para poder concluir el rodaje de Sempre Xonxa, en la que fue también pionero del moderno micromecenazgo, vendiendo acciones entre sus amigos para acabar una película de elevados costes para un país sin industria cinematográfica cuyos medios tenían que venir desde Madrid.

Una filmografía en la que tienen un papel destacado «Sempre Xonxa» y «Mamasunción»

La temprana muerte de Chano Piñeiro ?víctima de un edema pulmonar tras padecer durante años la enfermedad de Crohn? impidió una filmografía más extensa. Son seis las películas que dirigió. La primera de ellas fue Os paxaros morren no aire, en 1977. Un año después filmó ?aún en Súper 8? Eu o tolo, que se estrenaría en 1982 y en la que debutó en cine Xosé Manuel Olveira, Pico, subraya Rozados: «Era un filme moi surrealista, con vocación política, sobre un home que se namora da súa bicicleta, casa con ela e chega a ser presidente do Goberno tras ser encarcerado. Unha trama urbana».

Del año 1984 data Mamasunción, un corto de 21 minutos basada en la historia de la forcaricense María Rosa da Regueira que traduce a imágenes el drama de la emigración a ultramar. Dos años después filma Esperanza, un medio metraje encargado por el entonces alcalde de Vigo, el fallecido Manuel Soto, sobre el alcoholismo.

En 1989 se estrena Sempre Xonxa, de nuevo con la emigración en la trama, que se filmó durante dos años, en la que las estaciones del año enmarcan las distintas edades de los protagonistas. De 1993, por encargo del Xacobeo, es O camiño das estrelas, para divulgar imágenes de Galicia en el exterior, y para la que incluso se grabó una Rapa en Sabucedo fuera de su fecha habitual, colaborando Rochi en la localización de algunos enclaves.

Una pasión que se despertó en la infancia junto al proyeccionista del cine de Forcarei

El cine Colón de Forcarei fue a Chano Piñeiro lo que el Paradiso al Salvatore de Tornatore. Es el paralelismo que establece Rochi para hablar de la pasión que despertó en la infancia el séptimo arte en el autor de Mamasunción: «Manuel Barreiro foi o seu guía. Un home renacentista, carteiro, reloxeiro, gaiteiro ... E fotógrafo e proxeccionista: foi quen o iniciou no mundo da imaxe», recuerda. En aquel Forcarei sin apenas urbanizar de mediados de los años 60, el niño Chano no se perdía una función cada fin de semana que volvía del colegio en Marín.

Una década después, el regalo de su esposa de una Minolta de Súper 8 fue el medio para que Piñeiro plasmase en el celuloide una visión del mundo que hunde sus raíces en aquella infancia en el interior pontevedrés. Llegó así Os paxaros morren no aire, en 1977, «unha interpretación libre do Sempre en Galiza de Castelao», explica Rozados. En otros de sus trabajos, son las historias que le impactaron en sus primeros años las que recrea. Así, explica su biógrafo que fue Barreiro quien le recordó la historia de Mamasunción, que había sucedido en un Forcarei que para el tiempo del rodaje ?1984? ya había cambiado su fisonomía urbana, por lo que el cortometraje se filmó en Baíste, en el municipio ourensano de Avión. Y fue en la aldea de su esposa, Rubillón, donde escuchó la historia real en la que basó Sempre Xonxa.

Francisco Rozados apunta la fascinación de Piñeiro por los sabios de aldea, por personajes como Caladiño de una Galicia rural que plasmó como nadie. Aquel niño al que en casa prohibían hablar gallego se devoró en la adolescencia cuanta literatura gallega le suministraba Xosé Luis Barreiro: «Pedíalle tres ou catro libros, e á semana xa os tiña lidos e quería máis. Combinaba filósofos de aquela en boga, como Marcuse ou Sartre con Castelao e Marcos da Portela», expresa gráficamente.

Rozados conoció a Chano Piñeiro desde niño: su casa estaba a tres de la farmacia familiar, y pese a ser nueve años menor que el director estuvo en la pandilla juvenil a la que Francisco acompañaba con su hermana Dolores. Aquella relación se retomó con una carta de Rochi tras el estreno de Mamasunción, y cada año se veían cuatro o cinco veces en Vigo o Forcarei, localidad con la que siempre mantuvo vinculación el cineasta: «El tiña dúas pandillas de infancia e adolescencia, a de Forcarei e a de Ponte Caldelas», indica al tiempo que menciona el acuerdo de Chano Piñeiro con Rilke de que la infancia es la patria, y sus primeros diez años de vida en la localidad de Terra de Montes marcaron su forma de ver la vida y la realidad gallega. A través de un objetivo cinematográfico, porque suya es la frase: «Facer cine en Galicia é posible, facer cine en galego é obrigatorio». Con una mirada que, recuerda Rozados, continúa atrapando a los chavales que se acercan a sus películas. Lo comprobó en las distintas charlas que ofreció en centros educativos sobre el cineasta: «Os coloquios vólvense interminables, os nenos non paran de preguntar. As súas obras espertan un gran interese neles», expone el autor de la biografía.

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