La planta de biometano en Agolada generaría 80.750 toneladas anuales de vertidos
AGOLADA
La plataforma Stop Biometano Agolada promovió en Lalín una jornada informativa en torno a este tipo de plantas, como la que quiere promover en este municipio dezano. Distintos expertos analizaron el impacto de este tipo de instalaciones, así como las acciones emprendidas por el colectivo vecinal que rechaza su implantación en Agolada. En la reunión se cuestionó un proyecto que como mucho generaría catorce puestos de trabajo frente a las distintas afecciones que generará su puesta en marcha, desde malos olores a problemas de salud pública o vertidos al agua.
Desde la plataforma se incidía en que de las 100.000 toneladas de residuos que se procesarían al año en la planta de Agolada se convertiría un 5 % en biogás, mientras el 95 % restante, unas 95.000 toneladas serían digestato. De esa cantidad, en torno al 85 %, es decir, las 80.750 toneladas anuales de parte líquida se convertirían en vertidos «mejor o peor depurados» que acabarían en un cauce fluvial. El río más próximo al emplazamiento barajado para el complejo de producción de biometano, remarcan, es un riachuelo de A Baíña, afluente del Ulla, con escaso caudal, especialmente en época estival.
Uno de los expertos que participó en la jornada, Daniel L. Vispo, incidió en los problemas de olores que generan este tipo de plantas, además de remarcar que por cada diez toneladas de purín usado como materia prima se generan diecinueve de digestato, que también requiere su uso en la tierra, por lo que la pretensión de solucionar un problema generaría otro. Resaltó que además tiene menor valor agronómico que el purín y que detrás de estos proyectos hay solo intereses económicos, por las subvenciones.
Xoán Castro, investigador en Mabegondo, aludió a las mayores dimensiones de amoníaco con los digestatos que con el purín, apuntando a la falta de regulación en España y la consiguiente indefensión legal para los vecinos. Entre otros aspectos citó la ausencia de una ley estatal de olores o la concesión de autorizaciones ambientales integradas con condiciones muy generales y listas amplias de residuos permitidos para procesar además de purín, como los de depuradoras o restos de mataderos.
Una balsa de residuos de entrada de 50.000 metros cúbicos de capacidad
En la jornada se desvelaron nuevos datos del proyecto. Eva Fernández, de la plataforma vecinal, apuntó que las 100.00 toneladas anuales de residuos a gestionar suponen una cifra semejante a la basura que genera A Coruña en ese plazo de tiempo. El complejo tendría una balsa para residuos de entrada de 50.000 metros cúbicos de capacidad y otra para digestato con ese mismo volumen. El consumo eléctrico rondaría los 2.100.000 kilovatios hora al año, como seiscientas casas. Y apuntó el peligro de usar el digestato como fertilizante, ante su posible amenaza al suelo, agua, medio ambiente y salud pública.