Radiografía | Un sector en la cuerda floja Pocos pubs estradenses están preparados para superar una inspección de ruidos. Los empresarios del sector temen que las denuncias vecinales pongan fin a la movida
28 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Hubo una época en la que con cuatro duros y cinco ladrillos se podía abrir un pub de moda y exprimirlo sábado a sábado sin límite de horario ni de decibelios. Al amparo de esta ley no escrita se montaron la mayor parte de los pubs estradenses. La movida local se fortaleció y machacó a discotecas y salas de fiestas. Lennon estuvo cerrada seis años y Nicols y Viceversa tuvieron sus más y su menos. Para abrir un pub no hacía falta ser un empresario acaudalado, bastaba con tener algo de vista y los ahorros suficientes. A las discotecas se les exigía insonorización y salidas de emergencia. De los locales estradenses con licencia de pub sólo uno está insonorizado adecuadamente. El resto han ido navegando hasta que la ley se ha endurecido y las denuncias vecinales han forzado su cumplimiento. Ahora la insonorización resulta demasiado costosa para muchos locales y el problema aflora con todas sus consecuencias. En A Estrada, el pub Gañetes ha sido el primero en verse obligado a cerrar las puertas. Tras la denuncia de una vecina, el propietario recibió una notificación que le daba cinco días de plazo para instalar un limitador sonoro y dos meses para insonorizar el local. El limitador trajo los primeros problemas. El volumen máximo permitido en el interior de un pub son 85 decibelios. Pero los pubs locales no son los irlandeses. Están pensados más bien para bailar, al estilo discoteca. Eso requiere música más alta. Y el limitador, según quienes lo sufren, corta la música simplemente con el ruido que provocan las voces de los clientes cuando el local está lleno. El precio de la insonorización depende del tamaño del local, pero puede rondar los 48.000 o 60.000 euros. Esa inversión requiere algo más que vista. Y muchos propietarios de pubs no tienen nada claro que les sea rentable recurrir al crédito. El primer pub ya ha tenido que cerrar. Y un segundo también se lo plantea. Al Inferno le han obligado a colocar otro limitador y le han dado también un plazo para insonorizar el local. Los dueños quieren aguantar de momento, pero tampoco descartan el cierre. Estos son los dos primeros casos. El sentido común advierte que no serán los únicos. Hay más pubs sobre los que pesan denuncias. Alguno tiene una colección completa. El Concello prevé inspecciones en todos los locales del casco urbano para vigilar el cumplimiento de la normativa de ruidos. De momento no han hecho más que empezar. Se están visitando primero los locales denunciados. Los propietarios de los pubs reconocen que el sector no está en general en condiciones de cumplir con la legislación actual y creen que la movida tiene las horas contadas si las denuncias vecinales continúan y el Concello se ve obligado a hacer cumplir a rajatabla la normativa vigente. Las discotecas -que sí cumplen la normativa de ruidos- podrían ser las grandes beneficiadas del cierre en cadena de los pubs. Sin embargo, los empresarios aseguran que tampoco les conviene. Creen que si los pubs desaparecen la movida estradense desaparecerá con ellos.