Una mañana en el dique seco

Rocío García Martínez
Rocío García A ESTRADA

A ESTRADA

En directo | Las consecuencias del corte

13 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

La tiranía de los grifos y de los váteres con cisterna ha convertido a los estradenses en esclavos de la red de abastecimiento. No hace tanto tiempo que la humanidad sobrevivía sin abrir una sola llave y hoy un corte de suministro es capaz de poner en jaque a una ciudad entera. Es capaz de paralizar cafeterías, de anular coladas y de obligar a repensar el menú diario. A Estrada vivió ayer una de esas extrañas jornadas. Como cuando se va la luz y de repente descubres que también se puede charlar después de la cena. Como cuando el teléfono se te olvida en un largo viaje y de pronto te das cuenta de que no lo echas en falta. Pues A Estrada, se despertó sin agua. Los vecinos más madrugadores tuvieron la oportunidad de contemplar el monumental géiser urbano, pero la gran mayoría dormía a pierna suelta y se encontró sólo con la sorpresa del corte de suministro. Abrió el grifo y juró en arameo un rato. Luego volvió a la cama a la espera de que el corte se solucionase. Sería lo normal si se tratase de una avería común. Pero la de ayer era una avería de gran calado y los grandes problemas requieren grandes soluciones. Y éstas no suelen aparecer en un par de minutos. Los grifos seguían sin escupir ni una gota y muchos estradenses optaron por lavar el pelo otro día. Aprovecharon la Cabreiroá que había sobrado de la cena para sacarse las legañas y salieron al súper a hacer acopio del líquido elemento. Algunos consultaron primero al vecino para constatar el fatal presentimiento. Los supermercados hicieron el agosto en la sección de aguas minerales. Ni en plena ola de calor se había vendido tanta agua. Algunos querían agua para lavarse, otros para preparar el almuerzo y muchos para asegurar el funcionamiento de sus negocios. Algunas tiendas llegaron a agotar existencias a lo largo de la mañana. Después de las compras, un café para comentar las odiseas domésticas en busca del líquido elemento. Pero tuvo que ser un Cola Cao. O un descafeinado con leche, porque la máquina de café también está sometida a la tiranía de la traída, igual que el lavavajillas. El corte obligó a alguno a recuperar el tacto del estropajo al ver que los pocillos se multiplicaban y el agua seguía sin venir. Las peluquerías también tuvieron sus problemillas. Los garrafones de cinco litros se impusieron y decenas de clientes presumieron de haberse lavado el pelo con agua de mineralización débil. A las cuatro los grifos volvieron a funcionar y A Estrada recuperó la calma.