EL CRISOL | O |
02 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.MIENTRAS fue sólo alcalde de A Estrada, Ramón Campos era bien conocido en la Diputación provincial. Tanto el presidente como los responsables de las áreas de obras y subvenciones tenían en mente casi todos los días al mandatario municipal estradense, obsesionado sobre todo por lograr que el organismo provincial tuviese continuamente en cuenta la necesidad de arreglos y mejoras en los miles de kilómetros de carreteras, pistas y caminos con que cuenta el municipio estradense. Si era algo pesadillo hasta hace poco, Campos se está convirtiendo ahora en el terror de esas brigadas de obras de la Diputación que conocen bien el municipio de A Estrada. Al alcalde hay que agradecerle esa vieja obsesión que ahora potencia con su presencia casi a diario en el organimo provincial, como diputado. No importa que en Pontevedra le puedan colgar el título de Rey Campos IX El Pesado. A Estrada es el municipio de la provincia con una red viaria más amplia, con centenares de caminos y pistas que precisan arreglo de vez en cuando. Campos pudo equivocarse en algunas cosas, u obsesionarse con otras poco productivas, incluso hacer la vista gorda para mantener la pujanza del urbanismo en la villa, pero hay que reconocerle que tiene bien planchado el medio rural. Sigue siendo sorprendente que continúe la vida y la actividad en todas las parroquias del municipio, pero la respuesta está en la mejora de todo tipo de servicios que se produjo en los últimos doce años. De los 22.300 habitantes del municipio, 15.000 siguen residiendo en las parroquias. Por eso, Campos resulta pesado a la brigada provincial de obras.