Ton van Vliet: «No pasa un solo día sin que mis pensamientos se dirijan a Galicia»
DEZA
Cuenta que está muy agradecido a la gente que «ha enriquecido mi vida» y con el depósito de su colección en el Museo do Pobo Galego, dice, «me alegra poder devolverles algo»
18 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Los viajes de Ton van Vliet a Galicia marcaron su vida y en Agolada acabó encontrando una familia y cosechando el aprecio y la amistad con muchos de los que compartió momentos. A sus 69 años y pensando en el futuro pensó en depositar su trabajo en Galicia , en concreto en el Museo do Pobo Galego. Desde su casa en Holanda, Ton respondía estos días a nuestras preguntas por correo electrónico, para salvar la distancia del idioma.
—¿Como surgió la idea del depósito en el museo?
—En octubre del 2022 se publicó el libro O Pálpito interior con mis fotografías y un relato de Luisa Castro, El volumen fue compilado por Eutropio Rodríguez y editado por A Central Folque y tuvo una acogida muy entusiasta. Las historias que se contaron durante la presentación del libro en Agolada me hicieron darme cuenta de lo importante que es mi trabajo para Agolada y para Galicia. Hubo cuatro ponentes: José Antonio Fernández, Luisa Castro, Xaime Varela Sieiro y Manuel Busto. En ese momento no pude entenderlos. Todo fue en gallego. Más tarde me enviaron las historias de Xaime y Manuel para que pudiera traducirlas aquí tranquilamente en casa, en los Países Bajos. Me sentí avergonzado con tantos elogios hablando de mi fotografía y de su significado para Galicia.
—¿Era ahora el momento?
—Ya estoy entrando en edad, tengo 69 años. Muchos colegas fotógrafos están limpiando sus archivos. Las copias y los negativos acaban en la basura, incluso los de fotógrafos realmente buenos. Cuando yo muera, todo desaparecerá, Y con ello, también una imagen de vuestra historia reciente. Algo importante para el patrimonio cultural de Galicia. Así lo demuestra el hecho de que en 2023 me permitieron participar en la exposición colectiva Detrás do Espello en el Museo del Centro Gaiás en Santiago de Compostela. Por eso he buscado un archivo que quiera hacerse cargo de ellas y donde exista la posibilidad de que las fotos estén también disponibles para investigación, publicación y exposiciones, El Museo do Pobo Galego fue el que más me recomendaron.
—¿Qué incluye la colección?
—Enviaré todos los negativos y diapositivas que hice en Galicia. Son más de 2.000. Todos ellos se han digitalizado fácilmente y de muchos de ellos he realizado escaneos de muy buena calidad. Además enviaré las 28 copias que estoy haciendo para una exposición en Alemania. La muestra tendrá lugar del 1 de marzo al 10 de mayo, o quizás durante algo más.
—Creo que también quiere añadir algunas fotos tomadas por Jeroen, el amigo con el que viajó por primera vez a Galicia?
—Sí, es cierto, también envío las diapositivas que Jeroen Hoogakker hizo en 1978 y 1979. Con Jeroen hice los dos primeros viajes a Galicia. Era un fotógrafo aficionado empedernido y siempre lo siguió siendo,. Con él acabé en Galicia. Él quería ir a España. Yo quería ir a un país celta como Irlanda o Escocia,. Galicia es celta en España. Un compromiso maravilloso ¿no?. Más tarde, si alguien quisiera tener una visión completa, me pareció buena idea incluir también el trabajo de Jeroen. Así que le pregunté si todavía tenía las diapositivas y si podía añadirlas y estuvo encantado de cedérmelas.
—¿Qué recuerdos tiene de esos viajes a tierras gallegas?
—Con Jeroen, casi todos los días íbamos con los jóvenes de Agolada a todos los bares. Tomábamos café o una taza de vino y jugábamos al futbolín y acudíamos a muchas fiestas populares. Así establecimos todos los contactos.
—¿Hizo varias visitas, cómo fue?
—En 1980 vine dos meses a Agolada solo. Acampé con una tienda de campaña en el bosque, cerca de Ponte Vilariño. No había servicios, Me lavaba en el frío embalse que hay arriba junto a la pequeña central eléctrica. Comía en casa de Servando e Irene del Merendeiro do Arnego. Y también me invitaba a menudo a comer la familia Fernández en Vilariño.
—¿Cuál era su objetivo?
—Mi intención era capturar la vida cotidiana allí en fotografías. Era para el examen final de mi formación en fotografía. Dos meses solo entre los gallegos. Una experiencia increíble. Gente amable, simpática, cálida... y ese holandés loco con su cámara podía estar en todas partes. Emilio me recogía para fotografiar la trilla detrás de una gran puerta, la fiesta de comunión de Cristina Sucasas, o mientras jugaban a las cartas en un bar de Agolada. Me dejaban ir con Servando Calvos a comprar grandes barriles de vino para el churrasco Merendeiro do Arnego y con la familia de Dolores Vidal García fui a la romería del Monte Faro.
—¿Cómo eran esos días?
—Paseaba por los alrededores y fotografiaba a la gente que trabajaba duro en el campo arando y segando. Y disfrutaba del paisaje y de la luz. En aquella época se sentía la energía que se liberaba tras el régimen de Franco. No soy una persona muy habladora, pero soy muy sensible al ambiente, y eso lo plasmo bien en mis fotos.
— Y vino más veces.
—En 1981 estuve unas semanas más en Galicia. Después fueron visitas cortas, de uno o varios días. En 1982 fue solo a la romería de O Corpiño, en Lalín, y en 1984 a la de Ribarteme, en As Neves. Después nada más durante años. En el año 2000 hice un viaje en bicicleta con un amigo y, por supuesto, también pasé por Agolada. Allí me abordó Alfonso Fernández Sucasas. Me pidió algunas fotos para una exposición. En total envié unas 200 copias. En 2007 y 2018, Alfonso me pidió que diera una conferencia. Fue emocionante y también una experiencia muy bonita. Me recibieron en el ayuntamiento y me entrevistaron para el periódico y la radio.
¿Qué significó para usted conocer a todas esas personas y descubrir Galicia y Agolada?
—Estoy muy agradecido a la gente. Ha enriquecido mi vida. Me alegro de poder devolverles algo. No pasa un solo día sin que mis pensamientos se dirijan a Galicia, especialmente a Agolada y sus alrededores. Aquí, en mi estudio, tengo dos objetos de Sargadelos. Un fotógrafo que me regaló A Xente de Agolada en 2007 y un hórreo de una querida amiga. Ella también me regaló la figura del fotógrafo en el 2022. Lo tenemos en el salón de nuestra casa. En resumen, Galicia siempre está cerca.
—¿Supongo que el objetivo del depósito es conservar todo este material y hacerlo accesible a los gallegos?
—Es una suposición acertada. El trabajo que hice en su momento os pertenece a vosotros, los habitantes de Galicia.