«La intención era explotar la casa con todos dentro pero el plan les falló»

Rocío Perez Ramos
Rocío Ramos LALÍN / LA VOZ

DEZA

MIGUEL SOUTO

Cree que la causa fue el desconocimiento del comportamiento del fuego

01 nov 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Ese aciago 29 de octubre, lo que empezó con un incendio se fue complicando. A los servicios de emergencias se sumó la Guardia Civil de seguridad ciudadana primero, la Policía Judicial de Lalín después y a media mañana, tras el descubrimiento del cuerpo de Sonia, se movilizó al Laboratorio de Criminalística de la Guardia Civil en Pontevedra. Laureano Recamán, director técnico del mismo, estuvo allí y sostiene que «la intención era explotar la casa con todos dentro pero el plan falló por desconocimiento del comportamiento del fuego».

Una intención que ve clara en el hecho de que «había una bombona de butano por planta preparada con carozos de maíz y papeles de periódico y mucho escombro y bolsas de basura». Cree que fue algo planificado porque, dado lo que encontraron, tuvo que haber una acumulación de basura durante bastante tiempo. Explica además que «encontramos una terraza que estaba hasta arriba de bolsas».

Considera, que a la vista de lo que observaron en el interior de la casa, la preparación del incendio se refiere, «no lo puso hacer una persona sola» porque había «siete focos primarios y otros muchos secundarios». En total -dice- eran 14 focos, «y es materialmente imposible que eso lo haga una persona sola».

Para este experto de la Guardia Civil «había una intención clara y era la de matar a cuatro personas, aunque al final dos se salvaran porque llegó el empleado y dio la voz de alarma». En la inspección ocular de la casa vieron que las bombonas tenían una toma en el exterior para garantizar la ventilación «con lo que no tenían que entrar para nada en la casa». Por si acaso, relata, «nos preocupamos de buscar por todas partes alguna estufa de butano en la vivienda, pero no había ninguna».

En la habitación de Sonia, la primera a la derecha del primer piso, en el interior del armario «todo estaba muy pulcro, perfectamente ordenado. La ropa, los libros en las estanterías,...». Un orden perfecto que contrastaba con las bolsas de basura y el escombro que llenaba el suelo. «Era un orden que alguien rompió», apunta Recamán.

Los Bomberos se encontraron también numerosas prendas de ropa tiradas por la casa, como si alguien hubiera vaciado directamente el interior de algún armario y que se sumaba a la cantidad de bolsas de basura y carozos de maíz dispersos por todo el interior. Las bombonas, indica, «iban a ser usadas para explosionar la casa». Las encontraron «colocadas una en cada planta con papeles de periódico y carozos de maíz» y con huellas de que alguien prendió fuego a aquello.

El fallo, cree, fue no saber que eso no provoca una explosión. Comenta que «en la televisión se ven noticias de bombonas que explotan, pero no es así». Las bombonas llevan una válvula de seguridad y ante un escape, lo que puede ocurrir es que arda el gas.

Otro fallo fue «que cerraron todas las puertas». Incluyeron la del sótano, donde se encontraba, según los bomberos , «un camión de leña» y el depósito de gasoil de la calefacción. Con las puertas cerradas se impidió que el fuego tuviera una fuente de oxígeno que, de otra manera, hubiera provocado un efecto chimenea y con el avance del incendio sí se habría destruido toda la casa, señala.

Un búnker como refugio y una posible coartada perfecta

Para Recamán, metiéndose en la fosa de purín, la pareja «se aseguraba un refugio». «La fosa es de hormigón y ante una posible explosión, era un búnker». Cuenta que en la inspección ocular al analizar la fosa vieron que «hacía una especie de uve que acababa en una meseta. Allí se aseguraban estar bien». El empleado rumano les contó que una semana antes habían sacado 50 cisternas de purín. Metimos una vara para medir la profundidad y tenía entre 1,25 y 1,35 metros. En uno de los extremos, que es la meseta, tenían ventilación».

No le cuadra lo que defendían los abogados del matrimonio que consideraban que con el ruido de las vacas de la explotación pudieron no hacerse oír. Este experto de la Guardia Civil recuerda que en una explotación las vacas apenas hacen ruido y que cuando sacaron los cuerpos de los fallecidos, estos fueron trasladados al interior de la nave y cerraron la puerta para realizar el trabajo con una mayor intimidad. «Allí estaba la comitiva judicial y nosotros. Seríamos diez o doce personas y las vacas estaban a lo suyo». Mouriño, indica, «mide 1,80». De la fosa salieron «llenos de purín desde la punta del pelo a la del pie» y cree que «tuvieron que sumergirse», tal vez después de que un guardia civil los oyese susurrar. Opina que lo que debieron pensar es que si huían, todo el mundo pensaría que eran culpables pero «si todo explotaba y aparecían diciendo que habían ido a ver a las vacas, o cualquier cosa, parecían víctimas». Podría haber sido «una buena coartada».

"Con su muerte se aseguraron de que la chica no pudiera salir ni ayudar a los demás"

Este experto considera que con la muerte de Sonia «se aseguraron de que la chica, que era la única que podía valerse por sí misma, no pudiera salir ni ayudar a los demás una vez se percatase del incendio». Los Bomberos encontraron a Sonia Mouriño en su cama «en posición casi fetal». Tenía la cabeza «esmagada». Laureano Recamán explica que había restos en la cama y en la pared que saltaron por el impacto de los golpes. El cuerpo de Amador Vázquez tenía «restos de hollín en la nariz y en la boca por inhalación de humo».

José Mouriño contó que se despertó con el humo del incendio y al ver a su hija muerta en la cama salió detrás de Carmen que, al parecer, se quería suicidar y se metió detrás de ella en la fosa de purín para intentar salvarla.

Una versión que los forenses no creyeron y que fue en la que se sostuvieron los magistrados para dictar la sentencia condenatoria. Los abogados defendieron la inocencia del ganadero lalinense, llevando el caso hasta el Constitucional sin éxito.

Mouriño también declaró que intentó ayudar al resto de los habitantes de la casa pero, recuerda Recamán, «la puerta de la casa estaba cerrada con llave y no cuadra que intentes salvar a alguien encerrándolos dentro».

La madre de Carmen llegó a declarar que durante el incendio oyó a su hija decir «isto xa está, vamos». La habitación de Amador estaba en el primer piso a la izquierda de la de Sonia. El dormitorio contiguo al de la chica estaba completamente calcinado y al lado de la puerta había una garrafa de gasolina.

Los tres magistrados que juzgaron el caso adoptaron la tesis de los forenses. Sostenían que detrás del incendio había una planificación clara. Otra cosa es el móvil. Un punto que no se aclaró ni a lo largo de la investigación ni en el juicio. En Na mente do asasino, Guardia Civil, abogados, Bomberos y Protección Civil aún hoy no entienden qué pudo mover a Carmen o a ambos a hacer lo que hicieron. Otra incógnita que solo podrían desvelar ellos es qué pensaban hacer después.