Doce perros guía para toda la provincia

carmen garcía de burgos PONTEVEDRA / LA VOZ

DEZA

«Onara» es la única lazarilla de la ciudad de Pontevedra. Lleva un año con María

05 mar 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Onara es negra y muy jovencita. Aunque nacida en Madrid, lleva un año viviendo con María en Pontevedra. María Casalderrey tiene, así, la suerte de tener el único perro guía de la ciudad y uno de los doce que hay en toda la provincia. En Galicia hay un total de 35 lazarillos en activo, que ascienden a más de 1.100 en España. No es una cuestión de cifras, señalan desde la Fundación ONCE de Perros Guía. No solo depende de la población total, o de la ciega, que hay en una zona. Su nivel de desarrollo, por ejemplo, es uno de los factores a tener en cuenta. En grandes ciudades la movilidad es más compleja para las personas con poca visión, ya que tienen que hacer uso del transporte público, los desplazamientos son más largos, hay más aglomeración de gente y más obstáculos que sortear. En núcleos pequeños, por el contrario, los desplazamientos son más cortos. De ahí que la demanda sea también más escasa.

La fundación, que acaba de estrenar una página web (www.perrosguia.once.es) con toda la información relacionada con el tema, no exige ningún requisito para solicitar un perro guía. Quien lo pida solo tiene que ser consciente de una cosa: es un perro. «Tiene que gustarte los animales», explica María. Ella no tuvo que esperar ni siquiera la mitad de tiempo que la media para que le asignaran uno. Un año después de solicitarlo, Onara entraba en su casa para hacerse una parte imprescindible de su vida. La principal causa de la lista de espera para conseguir uno de estos compañeros incansables e incondicionales es el largo proceso de adiestramiento que requieren. A los dos meses de nacer, los cachorros -por sus condiciones físicas y de temperamento, las razas más comunes son labrador retriever, golden retriever, pastor alemán y flat coated retriever- son enviados a una familia educadora de Madrid, donde «aprenden a convivir con personas próximas y extrañas y se acostumbran a distintas situaciones, objetos y sonidos como el transporte público, las tiendas o el bullicio. También es la etapa ideal para adquirir un nivel de obediencia básica», señala la organización. Al año, regresan a la escuela y empiezan el adiestramiento, que dura 6 u 8 meses.

Aunque no se decidió a iniciar el procedimiento hasta hace un par de años, María lleva nueve sin ver más que sombras. Fue desde que un día, con 33 años, se levantó un día notando que algo raro le ocurría en los ojos. No le dio importancia, pensó que era una caída de tensión o de azúcar, pero «después de comerme no sé cuántas farolas y árboles, fui al médico». Le hicieron pruebas de médula de neurología y finalmente averiguaron que era genética. Entonces descubrió que tenía una enfermedad rara, la neuropatía óptica bilateral de Level, que transmiten pero no padecen las mujeres y que se puede saltar varias generaciones. Suele aparecer entre los 30 y los 33 años. En el caso de la pontevedresa, que tiene ahora 41 años, se saltó cinco y decidió quedarse en ella, en lugar de en los parientes varones. Ahora las dos forman un tándem irrompible.