La Feira do Cocido no sabe de crisis

Olimpio Pelayo Arca Camba
o. p. arca LALÍN / LA VOZ

DEZA

Rober Amado

Punset dijo que esta cita demuestra que la vida está para disfrutarla

24 feb 2014 . Actualizado a las 07:01 h.

Lalín inventó la Feira do Cocido en 1969, y desde entonces ha sabido mantenerse como un referente gastronómico pantagruélico en la antesala del Carnaval. Con independencia de la situación socio económica que se viva, Lalín es cita inexcusable para miles de gallegos cada domingo anterior al de Entroido. Y ayer lo demostró una vez más, con autobuses y automóviles copando la localidad, y llenando los restaurantes para degustar un cocido que la capital dezana ha sabido mimar como nadie desde la excelencia de su magnífica despensa.

No es de extrañar que Eduardo Punset reconociese en su pregón que «la feria, vuestra feria, es una muestra excelente de que la vida está no solo para pasarla sino para disfrutarla». No hacía falta la arenga del divulgador científico, pero el público que se agolpaba en las calles centrales de Lalín se aprestó a corroborar sus palabras. Primero gozaron en un desfile con una veintena de charangas, comparsas y carrozas, con una vistosidad que llevó al presidente de la Xunta, Núñez Feijoo, a llevarse su propio reportaje gráfico en el móvil, inmortalizando a los protagonistas desde el palco de autoridades. Con buenas vistas, a cambio de soportar unas ráfagas de aire frío que hicieron aparecer bufandas y dar gracias a Florentino por el buen paño de las capas de los Comendadores do Cocido, que además de lucir diseño les permitían sobrellevar el momento. Que no fue breve: la rapidez de Punset, que acortó sensiblemente el pregón previsto, contrastó con la parsimonia del desfile. Punset fue protagonista en el palco: firmó libros y se fotografió con decenas de seguidores, en muchos casos jóvenes, como una chica que desplegó un cartel con el lema «I love Punset» para pasar juntos a la fugaz posteridad digital.

Llegó más tarde el momento de disfrutar en los restaurantes, que se llenaron de comensales ávidos de entrar en calor con las buenas viandas de Deza, y comentar lo visto. En el almuerzo oficial, ante unos 300 comensales, Feijoo comparó a la diplomacia de Lalín con la vaticana, con Crespo «capaz de llegar a cualquier lugar del mundo gracias al Cocido». En tono desenfadado, habló del alcalde de Lalín como el mejor intérprete de lo que preocupa al gallego medio, y aludió de nuevo a su peculiar estilo en el vestir: ayer, con pajarita y zapatos con suela azul. Bromeó también con Escotet al señalarle que se acordará de lo que es dejarse poner una capa en Lalín: «No te diré que has quedado capado, pero casi».

Crespo señaló que el Cocido, Fiesta de Interés Turístico Nacional desde hace tres años, busca la distinción internacional. El dato poco importa a los más de 60.000 visitantes que según la organización llenaron Lalín, superando la asistencia del pasado año: su presencia es el mejor aval para una fiesta incombustible que no sabe de crisis.