«Me duelen los jóvenes que no tienen ilusión»

Estos días inició ya su labor como párroco de Donsión y Bendoiro y como vicario de la parroquia de Lalín


Lalín / La Voz

Marcos Torres regresó a su municipio natal y lo hizo para, cumpliendo el nombramiento del obispo, como vicario de la parroquia de Lalín y como párroco de Donsión y Bendoiro.

-¿Cómo están siendo estos días de comienzo?

-Muy bien, estoy muy contento y con mucha ilusión. Aquí la iglesia trabajó mucho y venimos tan solo a ayudar. Ya estuve en las dos parroquias en la de Donsión y la de Bendoiro con la gente y estoy conociendo a las personas y lo que quiero es que se sientan queridos por su cura. Porque lo importante y lo fundamental son las personas.

-¿Cuáles son las metas que se marca?

-La inquietud que tengo es con los que están más alejados de la iglesia, quiero que se sientan queridos por la iglesia, que lo que vean en un sacerdote sea un servidor de todos desde el más ateo al más católico. Todos tenemos una dimensión espiritual y hay gente que lo busca en otros lugares. El sacerdote es una persona como otra cualquiera que está para servir.

-¿En sus parroquias realizará algún cambio en la actividad?

-La actividad litúrgica permanecerá igual. Si me solicitan otra cosa y yo puedo, encantado. Procuraré tener una presencia más grande en el pueblo, estar con la gente. De momento estoy conociendo a los vecinos.

-¿En cuanto a catequesis y otras iniciativas?

-El obispo suele hacer nombramientos a principio o a fin de cuero pero como esta vez fue en medio, estoy mirando como está todo y conociendo y observando, más que otra cosa.

-¿A su labor de párroco se añade la de vicario y las clases en el seminario?

-Es de coadjutor, estoy para ayudar a don Manuel, el párroco de Lalín en lo que el disponga y a todos los sacerdotes de la zona. Él es una persona muy bondadosa y no quiere darme mucho trabajo y a Lugo iré a finales de la semana para dar clases y continuar llevando la dirección espiritual de los chavales en el Seminario Menor. y dar clases Tengo mucha ilusión y muchas ganas de estar entre la gente. Como dice siempre el Papa Francisco, tenemos que oler a oveja. Me encantaría que la gente joven fuese a la iglesia, llegar a ellos, me duelen los jóvenes que lo pasan mal, que les parece que no merece la pena luchar, por nada, trabajar, que no tienen ilusión y eso también es la fe, que la gente joven crea en sí misma y lo haga a través de la iglesia y mire con ilusión y esperanza hacia su futuro.

Marcos Torres sacerdote

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