Un recorrido por el pasado y presente de una construcción que cumple 1.100 años
30 sep 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Tomamos nuevamente la pluma para realizar algunas adiciones a lo que venimos publicando en estas páginas de La Voz sobre Ponte Taboada Viejo (22-I-2012 y 26-II-2012), con el deseo de divulgar un poco más su conocimiento dentro de este año en que se conmemora el mil cien aniversario de su fundación. Un importante acontecimiento histórico del que hasta ahora no se había celebrado ninguna efemérides.
Quisiéramos fundamentalmente ensalzar los aspectos que consideramos primordiales en la valoración del monumento, como su antigüedad, patente en la inscripción rupestre en lengua latina del año 912, conservada al pie de la calzada, para que destaque y pueda leerse con facilidad lo que aporta un extraordinario valor histórico y arqueológico al ponderado puente, por estar señalando in situ la fecha de la fundación de la obra; y también la vía medieval que lo atravesaba sobre las caudalosas aguas del Deza, trazada aprovechando como en la mayoría de la Edad Media las antiguas calzadas establecidas por los romanos, que pese a quedar sin los cuidados y reparaciones necesarias después de la caída del Imperio de Roma, siguieron en su mayoría practicables en muchos tramos gracias a su extraordinaria solidez, acuñándose con fundamento la frase: los romanos no construyen para su época, sino para la eternidad.
Arquitectura del puente
El histórico monumento tiene un singular encanto por sus especiales características y belleza del lugar que le sirve de escenario, con bosques frondosos de ribera que producen un bello espejo de agua. En el silencio de la soledad solo se oye el canto del pájaro.
Un espacio declarado de protección ambiental, digno de ser visitado, admirado y respetado.
En toda la vetusta fábrica, predomina el sentido práctico y de simplicidad, aportando estas características una sobria y noble apariencia al puente que guarda una perfecta sintonía estética con el entorno.
El material constructivo es piedra de granito o berroqueña, labrada en duros sillares que con el curso de los siglos, y ayudado por unas condiciones climáticas muy favorables de pureza de aire y humedad, generó la venerable pátina del tiempo, verdadero sello de antigüedad del que nunca ningún monumento histórico debe ser privado.
Una mirada retrospectiva
Que los puentes originariamente fueron construidos de madera en todas las culturas del orbe es un hecho conocido gracias a los que dedicaron toda su vida a estudiar estas construcciones viales, como es el caso del ingeniero Barnard Steinmam, pasando posteriormente a fabricarse puentes permanentes de piedra.
Los orígenes remotos de Ponte Taboada debieron ser un simple tronco de árbol apeado, procedente de la inmediata fronda boscosa de ribera, dispuesto entre los cercanos peñascos para salvar el río, conformando un puente voladizo o cantelever. Este primitivo puente evolucionaría a una estructura compuesta por dos rudas vigas juntas, a las que posteriormente se les aplanaría la superficie. Más tarde pasaron a colocarse igualmente en paralelo, pero algo separadas, unidas con ramas transversales con volado en los extremos, consiguiendo finalmente formar una estructura elaborada, firme y estable, que permitiría el paso seguro a personas, animales y transporte de carga. Otros refinamientos, como parapetos o el piso solado de grueso tablonaje, vendrían mucho después.
El principal enemigo de este tipo de puente eran las avenidas, por lo que con frecuencia solían ser destruidos o arrastrados por las impetuosas corrientes de las crecidas del río. Otra causa de destrucción, aunque en menor medida, era el fuego provocado. Estas enchentas, en lenguaje coloquial, fueron igualmente causa de la ruina de muchos puentes permanentes construidos en piedra.
Viajes de carreta
La piedra destinada a obras de fábrica era transportada en carretas tiradas por yuntas de bueyes, desde la cantera de granito local al lugar de construcción, resultando el acarreo lento, largo y pesado. Los costes de construcción convirtieron siempre al puente en una obra cara.
En el caso de Ponte Taboada, el encajonamiento del lugar fue una dificultad añadida a los esfuerzos constructivos para levantarlo. Por fortuna la estrechez del río en este paraje no hizo necesario que fuese de más de un solo ojo.
Los escasos bloques transportados en cada viaje o carretada se iban dejando acumulados a pie de obra para su talla y corte por los picapedreros. Finalmente eran convertidos en sillares bien escuadrados o dovelas, siguiendo el cálculo del número de piedras a utilizar y despiezo establecido antes de comenzar la obra.
Como testigo físico de la extracción de piedra de la cantera se pueden ver en un extremo del pretil del puente dos improntas abiertas en un sillar, producidas por las cuñas de hierro para cortar la piedra llamadas cuñeiras.
Según técnicos expertos, la puente vieja de Taboada fue reconstruida varias veces, razón que justifica que no haya signos lapidarios o ?marcas de cantero? a la vista, ni tampoco los clásicos mechinales u orificios cuadrangulares en los sillares, donde sucesivamente según avanzaba la construcción, se iban empotrando las cabezas de las vigas del andamiaje. Estos testigos fueron muy característicos del medievo, en el que a lo largo de las rutas jacobeas hubo una gran actividad constructora y reconstructora de puentes, dirigida especialmente por monjes, depositarios y transmisores de la sabiduría y conocimientos clásicos.