Leyda Ramírez llegó hace diez años de Colombia a Lalín: ayer acudió a recoger las llaves de su nueva vivienda a un museo Ramón Aller donde además de adultos correteaban varios niños de los adjudicatarios de los pisos de O Regueiriño. Dos de los pequeños eran su hija Amaral (7 años) y hijo Josué, de 4. Ellos escoltaron a su madre a recoger la carpeta con la documentación de la vivienda y con las llaves de acceso: apenas se retiraron, ambos estaban impacientes por ver el contenido de la caja azul y por descubrir cómo eran las llaves del piso que estrenarán, en alquiler con opción a compra. Cuando la comitiva oficial en la que se integraban el conselleiro Agustín Hernández, el director del IGVS, Antonio Bonet, el alcalde José Crespo, y ediles como Román Rodríguez, Camilo González y Paz Pérez, llegaban a la cercana rúa Observatorio para observar el edificio y visitar dos de las viviendas -previo permiso solicitado a sus ya propietarios-, Amaral y Josué tuvieron su premio y pudieron coger en sus manos las ansiadas llaves.
Había dicho Hernández que los verdaderos protagonistas en estos actos son los adjudicatarios que harán de los pisos sus hogares: los dos pequeños, de permanente sonrisa contagiosa, desde luego que lo fueron.